Hispania Nostra   Logotipo Hispania Nostra

   Portada | Contactar | Mapa

 
Hispania Nostra
  Información
  Asóciate

 

Asociaciones colaboradoras
  Listado de asociaciones
  Reuniones de asociaciones

 

Protectores y benefactores

 

Defensa del Patrimonio
  Debates del Patrimonio
  Noticias del Patrimonio
  Lista Roja del Patrimonio
  Educación y Patrimonio

 

Premios Europa Nostra
  Fallo de la convocatoria 2008
  Próxima convocatoria
  Premios concedidos a España
  Europa Nostra

 

Publicaciones y documentación
  Memoria 2007 (PDF)
  Boletín de Hispania Nostra
  El Patrimonio cultural en el
 consejo de Europa
  Revista Patrimonio cultural y derecho

 

Noticias relevantes

 

Enlaces de interés

 

arsVirtual


Noticias

Hispania Nostra: Información
Fotografía de unas gafas sobre un libro
pdf  Artículo (pdf)

Cantabria se destruye.

La arquitectura de Cantabria con raíces tradicionales está sucumbiendo a pasos agigantados. Lo que empezó en la costa más turística hace unos años como una apisonadora de los contenidos urbanos más preeminentes, hoy ha saltado los límites de la autovía y penetra imparable en dirección sur hacia lo alto de los valles fluviales de nuestra región.

Casi nada se escapa a un modelo incontrolado de forma de construir, en el que lo mismo se disponen ladrillos cara vista de cualquier color y texturas que plaquetas brillantes, carpinterías de formas foráneas, mansardas, aleros de hormigón gordos y gruesos, terraplenes y desmontes que modifican sin piedad los paisajes naturales, cierres de fincas de cualquier material y diseño, pero, eso sí, bien distantes de aquellos de siempre floridos por hiedras y madreselvas, tejados de impropias pendientes y materiales, insólitas alturas, imposibles proporciones etc.

Paso a paso, toda la gama de lo indebido se enseñorea de la Cantabria profunda. Se ha declarado un libertinaje en el que todo vale menos el respeto a los valores edificatorios identificativos de nuestra forma ancestral de habitar en el territorio. Casi nadie se escapa a la responsabilidad histórica de lo que acontece; ni quienes gobiernan impotentes; ni quienes opositan sesteantes; ni quienes diseñan entregados; ni quienes construyen codiciosos; ni quienes, ignorantes, compran viviendas sin alma.

Los cántabros estamos deconstruyendo Cantabria en menos de una generación.

De nosotros mismos- ¿de dónde si no?- deben salir leyes concisas y precisas para evitarlo, sobre todo en el medio más rural.

Hagamos viviendas bien orientadas, bien protegidas de vientos por vegetación autóctona; adaptadas al terreno y no forzándolo; con cierres, cubiertas, aleros, solanas, galerías, hastiales, materiales, formas, colores, carpinterías, huecos exteriores, anchuras, alturas, proporciones etc., que se miren en la sabiduría de siglos y no en la omnipresente moda horterizante, basada en el capricho insustancial y despilfarrador de recursos.

Estas cuestiones hay que enseñárselas a los niños cántabros en las escuelas para que de mayores sepan defender lo nuestro mejor que nosotros y porque nuestro planeta necesita poner límites a cada parte que le deteriore, aunque ésa sea minúscula. Nadie duda ya de que la suma de muchas insensateces pequeñas nos ha de llevar a la catástrofe total.

Al cabo pueden que nos acusen de optar por la limitación creativa, pero será en vano cuando se demuestre, una vez más, que la creación siempre es hija de lo auténtico mientras las ocurrencias se distraen entre trampas morales de vida corta.

Cantabria, en fin, está en un momento límite en el que casi ya no es posible curar, sino sólo parchear las heridas de tantos años nefastos en los que la construcción fué enemiga declarada de la preservación.

Es urgente la elaboración de códigos y manuales didácticos que enseñen lo radicalmente protegible y orienten al ciudadano sobre las ventajas de fondo de la arquitectura tradicional, no tanto con lo que sería una absurda repetición mimética de sus formas, sino con la recuperación de sus valores en términos de sostenibilidad ambiental, económica y paisajística.

El Diario Montañés, 2 de abril de 2007.
Manuel Solana Gómez. Arquitecto

 

 

con la colaboración de:
logotipos Fundación Telefónica y arsVirtual Fundación Telefónica arsVirtual
   

©2007 Hispania Nostra. Todos los derechos reservados. Resolución mínima de 800x600