Chelva (Valencia) usa un palacio del siglo XI para almacenar pollos y material de obra.
Siglos atrás enormes cuadros adornaban las paredes del palacio de Chelva, la valiosa cerámica valenciana se dejaba ver por doquier y la nobleza deambulaba por sus salas con soberana altivez. Hoy en día, la azulejería comparte espacio con material de construcción y algunos de los recintos se utilizan como una improvisada granja, ya que durante las fiestas de San Antón se almacenan los centenares de pollos vivos que más tarde se regalan a los vecinos. La falta de cristales en las numerosas ventanas ocasiona que las palomas se encuentren en el palacio como en su propia casa e inunden con sus corrosivos excrementos todas las estancias del edificio. El viento y la humedad que ocasiona la lluvia se encargan del resto: vigas carcomidas, azulejos destrozados bóvedas enmugrecidas y polvo, mucho polvo.Este es el triste panorama que presenta en la actualidad el inmueble.
Las Provincias, 10 de febrero de 2007.
Texto de Vicente Agudo. |