50 ANIVERSARIO DEL DÍA DE LA TIERRA

El 22 de abril de 1970 se celebró en Estados Unidos el Primer Día de la Tierra. El senador demócrata Gaylord Nelson fue su principal promotor y participaron en el evento miles de universidades, escuelas y comunidades. Con aquel gesto simbólico se inició la participación civil masiva en la lucha medioambiental. Dos años después, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Humano celebrada en Estocolmo, se reconoció, por primera vez, la relación existente entre el medio ambiente y el bienestar del ser humano. Desde entonces, se han celebrado numerosas cumbres y firmado protocolos de actuación sobre cambio climático y desarrollo sostenible, sobre derechos humanos, hambre, pobreza, equidad y paz mundial. El objetivo final apunta siempre en la misma dirección: perpetuar la vida en la tierra y asegurar el futuro a las generaciones venideras.

50 años después de aquel día, una zoonosis (grupo de enfermedades infecciosas que se transmiten de forma natural de los animales a los seres humanos-OMS), ha atacado la línea de flotación de casi todos los países de la Tierra, y dinamitado nuestro desigual y globalizado mundo. No es la primera pandemia ni será la última, y hemos comprobado que nuestras estructuras no estaban preparadas para este reto. Por otro lado, la ciencia comprueba que la destrucción de especies y ecosistemas, y el comercio de especies salvajes son factores decisivos en el aumento de este tipo de enfermedades. El hambre no lo es menos. Vivir en un mundo globalizado significa, entre otras muchas cosas, que todos somos partícipes y, de un modo u otro, responsables de esa destrucción y de esa hambre.

Nos encontramos hoy confinados, despojados de nuestra libertad de movimientos, debatiéndonos entre la esperanza y el miedo, echando en falta un horizonte al que mirar, un paisaje seguro en el que habitar. Cuando salgamos a la calle el mundo será otro, nosotros seremos otros. Hemos aprendido algunas lecciones básicas que será necesario no olvidar. Por ejemplo: que el planeta es nuestro más valioso Patrimonio, y un sistema interconectado de cuyo grave estado de desequilibrio somos responsables; que el sistema Tierra puede existir sin nosotros pero nosotros no podemos vivir sin él; que la agricultura es mucho más que el negocio de las grandes corporaciones, y nuestros agricultores, un bien preciado; que la salud de todos es responsabilidad de todos aunque quienes nos cuidan son solo unos pocos a los que debemos cuidar; que invertir en ciencia es imprescindible ahora y siempre; que la educación es la base de una sociedad civilizada y los educadores, los héroes menos visibles de este encierro; que las tecnologías nos permiten ser más independientes pero también son la mejor herramienta para la manipulación; que la cultura nos une y nos hace Ser humanos, y los abrazos y los besos, una necesidad a la que no podemos, no queremos, renunciar. Ojalá no se nos olviden estas lecciones. Ojalá este dolor sirva para que recoloquemos nuestra escala de valores como individuos y como sociedades. Ojalá los poderes públicos y privados lo hayan entendido también.

En medio de esta distopía nos preguntamos: ¿Serán suficientes 50 años y un desastre de dimensiones planetarias para aceptar el reto y tener la altura de miras suficiente como para cambiar el rumbo? En nuestras manos, las de todos, está.

Feliz Día de la Tierra.

Foto: Rain Forest Alliance en Español

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