Business y patrimonio histórico

En el mundo en el que nos ha tocado vivir gran parte de nuestros actos tienen  un trasfondo de negocio, y más aún en Occidente donde cada vez es más frecuente escuchar la frase: “el business es el business”.

Esta idea de mercantilizar las cosas e incluso las ideas está calando cada vez más en un ámbito cuyo valor material es imposible de cuantificar y por tanto difícil de someter a las reglas del mercado: nuestro patrimonio arquitectónico histórico.

Con motivo de un evento familiar conocí el Hotel Palacio de los Velada en Ávila, una edificación de principios del XVI,  que después de años de abandono se había convertido en un hotel.

Años después y con motivo de un viaje relacionado con los estudios de Historia del Arte que curso, he visitado el Monasterio de Santa María de Valbuena y para mi sorpresa esta joya de la arquitectura del siglo XII convive también con un hotel.

Monasterio de Santa María de Valbuena

El dilema que ahora se me plantea es el siguiente: ¿Es oportuno ceder la propiedad o usufructo del patrimonio histórico artístico de España al sector hostelero, público o privado, para su explotación a cambio de su contribución al mantenimiento y restauración?

Quizás la adopción de un criterio debería estar precedida de la respuesta a una serie de preguntas:

¿Tiene algún valor para el ciudadano de a pie que existan edificios mal conservados y sin posibilidad de disfrute?

¿Puede el patrimonio arquitectónico aportar valor a las economías de zonas despobladas de España?

¿Aporta el sector público los recursos necesarios para el mantenimiento del capital histórico?

En este punto, ¿cuál es mi visión?

En mi opinión todo ciudadano tiene derecho al conocimiento del patrimonio histórico artístico. Dicho esto, también creo que la contemplación de restos histórico arquitectónicos pendientes de restauración o de los que simplemente conservamos su huella arqueológica no aporta nada al ciudadano lego en la materia por lo que su acceso debería limitarse a estudiosos y estudiantes en esta disciplina, poniendo a disposición del gran público replicas que permitan admirar la obra, pero en ningún caso mercantilizar el arte poniéndolo a disposición del gran público mediante su cesión al sector turístico u hotelero.

Con relación a la segunda cuestión sí es cierto que el patrimonio artístico aporta valor, pero no necesariamente este ha de venir de la cesión al sector turístico de bienes colectivos, sino de la colaboración entre este y los gestores públicos creando áreas de interpretación del capital histórico sin la ocupación del mismo.

Respecto a si el Estado aporta los recursos necesarios para el mantenimiento del patrimonio histórico he de decir que no dispongo de datos de evolución del mismo, ni he pretendido obtenerlos. Pero de lo que sí estoy seguro es que son insuficientes, afirmación que sustento en la aparición de fundaciones privadas que contribuyen a la conservación de nuestro acervo cultural tales como la Fundación Santa María la Real y Fundación Juanelo Turriano.

Por todo lo anteriormente expuesto, no considero adecuado ceder algo que es de todos en beneficio de un sector económico. No todo es business.

Imagen principal: Palacio de los Velada

Imagen secundaria: Monasterio de Santa María de Valbuena