¿Cómo está la Educación Patrimonial en España? ¡Tiene dos defectos graves!

Del 14 al 16 de noviembre de 2018 se celebró el IV Congreso Internacional de Educación Patrimonial (EP) en el Museo Arqueológico Nacional, gracias al Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE) y a las universidades de Valladolid y del País Vasco. Pude asistir a las ponencias y actividades que se celebraron, y hoy expondré algunas conclusiones.

Fue una brillante oportunidad para ponerse al día sobre proyectos de Educación Patrimonial. Según la principal experta, Olaia Fontal Merillas, España es líder en Educación Patrimonial. Se demostró a través de las decenas de proyectos educativos que se presentaron en el congreso, las iniciativas eran tantas que tuvieron que organizarse por bloques temáticos en las sesiones de exposición. Sin embargo, no todo son alegrías. Existen problemas que a mi juicio deben corregirse de inmediato, de lo contrario convencerán a poca gente para que aprecie su Patrimonio Cultural. Debido a la limitación del artículo, me centraré solo en dos, pero muy graves:

Desapego entre la población y la Unión Europea. Durante el primer día se habló del Año Europeo del Patrimonio Cultural y de organismos como Europa Creativa y Erasmus+, pero la realidad es que casi todos los proyectos presentados en el congreso eran de alcance local o como mucho nacional, casi nada con ambición internacional, a excepción de los expertos latinoamericanos y de una iniciativa en Quebec (Canadá). Tampoco se sabe cómo transmitir los proyectos que se realizan en Europa a la gente, especialmente a los que viven en el mundo rural. En otras palabras, tanto para la gente normal como para los expertos, Europa está muy lejos. ¡Y la necesitamos para ser internacionales!

Se sigue transmitiendo una mala imagen de los adolescentes, en contraposición a los niños/as, ya que fueron muchos los que señalaron una mayor disposición de los alumnos de primaria a la participación. Y la mayoría de las actividades educativas se centraban en los niños. ¿Los adolescentes son tan desinteresados? Este problema va más allá de nuestro mundillo, la estigmatización juvenil atraviesa toda clase de fronteras: que si son los más enganchados al móvil, que si son los que beben más, o los que protestan sin razón… ¿Y es así?

¿Y si el problema es que no les ofrecemos un proyecto adecuado? Por suerte no siempre fue así, como demostraron las jóvenes zamoranas de la actividad “No pintan nada” (consiste en concienciarles de la importancia de conservar el casco histórico de Zamora, actualmente lleno de pintadas). Hay que atreverse más con este sector de población: ni los jóvenes son peores que los niños ni al revés, simplemente necesitan visiones diferentes. Además, a un niño es más fácil obligarle a participar en lo que sea. En el congreso, varios expertos presumieron de formularios repletos de frases bonitas de los niños, diciéndoles lo maravillosa que había sido su actividad. ¿A nadie se le ocurrió que pudieran mentir, que los niños se sintieran presionados por la presencia de su profe?

¿Tienes ideas para solucionar estos problemas?

FUENTE IMAGEN: José Cebrián