Comunicar la belleza, sentir el olor

Ganadora de la IV edición de “Con el concurso de todos”

Imagen: Dorien Jongsma

Texto: Dorien Jongsma

Las matas de las zarzas huelen en septiembre. Si ese olor se mezcla con el del humo de una chimenea que conecta una estufa de leña, estás en un pueblo.

Cuando pisé por primera vez las calles de La Aldea del Portillo de Busto y percibí esa curiosa combinación, sentí cosquillas bajo mi piel, un placer escondido hasta entonces. Y allí me quedé.

Una pequeña iglesia, cuyas escasas reliquias fueron trasladadas hace ya mucho tiempo, una fuente empobrecida entre calles hormigonadas, el antiguo horno comunal en estado ruinoso, unas pocas casas sin mayor misterio, pajares en ruinas… una aldea cualquiera en el siglo XXI ¿o no…?

Veinte años más tarde el olor de las zarzas se mezcla con el de la pintura, el de las chispas de hierro de la rotaflex y los ruidos de agujereadores o martillos. Esa insignificante aldea, hasta no mucho tiempo a punto de desaparecer del mapa, tiene, ya unos años, un centro cultural, con un taller para la creación artística y un pequeño albergue donde comparten jóvenes voluntarios, artistas, visitantes y amigos de la asociación Imágenes y Palabras, espacios, labores y experiencias.

Anteriormente, la actual galería de arte fue una casa popular, con establos para las ovejas y almacén para su comida, procurando así la supervivencia durante el largo invierno. La metamorfosis del espacio vino dado de la mano de 150 voluntarios de muchos lugares del mundo y, aunque ha sido lenta, rebosa de vida.

El paisaje cercano se ha transformado al incorporar en él esculturas de diferentes materiales y dimensiones, incluso simplemente recolocando troncos y raíces de árboles desnudos. La dimensión del pueblo en la montaña permite jugar con su espacio y su riqueza natural. El tamaño del pueblo también permite comunicar con los, ya muy pocos, habitantes del entorno.

En estos muy singulares diálogos, tanto entre el paisaje y las artes plásticas, como entre los voluntarios internacionales y los lugareños, surge de forma espontánea el debate sobre las interpretaciones de la belleza, el valor del paisaje, la riqueza y la dureza de la vida en el medio rural, la economía, la ecología y un largo etcétera.

La comunicación es el primer paso para la comprehensión y la aceptación de la complejidad de todas estas cuestiones… Pero ¿acaso el olor puede formar parte del patrimonio?