¿Conoce el valor inmaterial de los Cuentos de Hadas originales?

El Patrimonio Inmaterial goza de muy buena salud en las últimas décadas. Sin embargo, no todos sus factores poseen aún el prestigio social que se merecen. El ejemplo más claro, a mi juicio, son los cuentos de hadas.

Existe mucha desinformación en torno a esta narrativa breve de innegable antigüedad. Para empezar, se debe distinguir entre cuentos y cuentos de hadas. Los cuentos son historias cortas que pueden abordar cualquier temática y tener el desarrollo que deseen, aunque generalmente son ficciones realistas. Los cuentos de hadas son distintos, y no son como Disney se ha empeñado en mostrar durante años. Ni siquiera es necesario que aparezca un hada. Todos ellos cumplen dos condiciones: la fantasía debe aparecer y el final debe generar algún tipo de alivio (ello no implica necesariamente un final feliz, pero no se puede negar que muchas de estas narraciones acaban bien). Y la mayoría de los originales son cuentos oscuros, crueles, sangrientos… tocando incluso temas como el incesto o el parricidio.

Durante muchos siglos, los cuentos de hadas fueron útiles para la sociedad (especialmente entre las clases más bajas), pues permitían avisar de los peligros que acechaban en el mundo (Caperucita Roja es una advertencia a las chicas de que un hombre puede violarlas si van solas por un bosque). Se contaban oralmente y, aunque son historias esencialmente adultas, era una actividad familiar más. La fantasía de los auténticos cuentos de hadas es oscura y malvada (ejs: el lobo de Caperucita, las innumerables brujas, etc.), pensada para que los niños pudieran memorizar el mensaje que se trataba de transmitir. Además, luego era común que la familia al completo comentase el cuento de hadas que el padre o la madre acababa de narrar. Vale la pena mencionar el caso de los cuentos de hadas de Estonia, sobre todo aquellos en los que aparece el Diablo, que solía ser ridiculizado para añadir un toque de humor a la historia.

El problema llegó a partir de la Ilustración, cuando dicha narración comenzó a ponerse por escrito en Europa. Hubo autores como Los Hermanos Grimm que respetaron la esencia original de los cuentos de hadas, pero en general, la tendencia fue la de “infantilizar” estas ficciones. Además, desde el siglo XIX se consideró que la fantasía era cosa de niños y nada más. Una apreciación que, desgraciadamente, a día de hoy aún sigue vigente. Las películas antiguas de Disney han distorsionado mucho los cuentos de hadas. Y existe una voluntad política y social por borrarlos para siempre.

Sí, estos relatos son machistas, pero hay que recordar que se concibieron siglos atrás, cuando el machismo estaba a la orden del día. Y no todo es como se cree. Por ejemplo, la figura de las brujas presenta una doble cara: por un lado demoniza a las mujeres, pero por el otro, todas las brujas son poderosas, astutas y revolucionarias. Princesas y Caperucitas eran víctimas de dragones y lobos, pero vamos a poner las cartas encima de la mesa, ¿quién corría más peligro de sufrir violaciones y asesinatos en la soledad de la noche? ¿Los hombres o las mujeres? También está el tema de los matrimonios “forzados” o puestos ahí como recompensa… pero en realidad esa idea es la que más ha potenciado Disney. Pondré el caso de las versiones más antiguas de La Cenicienta: se casa con el príncipe no para recompensar al hombre, sino para reparar el agravio que la chica ha sufrido. Ella era una mujer noble, que perdió su estatus social por culpa de su madrastra. Por eso, casarse con el príncipe es la forma que ella tiene para volver a ser la muchacha noble que siempre fue (entonces no existía mentalidad de género, sino de clase. Una mujer de la nobleza no era mujer u hombre, era noble por encima de todo).

El verdadero problema es que ya no se comentan los cuentos de hadas en familia, como se hacía antes. No importa si la historia es sangrienta o si tiene algún elemento machista, si luego los padres están ahí para resolver las dudas de sus hijos. La cuestión es que los padres no quieren explicarles a sus hijos el transfondo de estas historias, bien por falta de tiempo, por considerar que los cuentos de hadas son muy infantiles o machistas, por desconocer el verdadero mensaje de estas historias, o por algún otro motivo. Durante el siglo XX existieron teóricos que intentaron cambiar esa mentalidad, como Vladimir Propp (a él le debemos el mejor análisis de la estructura de estas narraciones) o JRR Tolkien (es conocido por El Señor de los Anillos, pero fue también un gran filólogo, apasionado de la mitología nórdica y de los cuentos de hadas originales. De hecho, la fantasía épica que él inauguró no es más que su interpretación personal de los cuentos de hadas). Pero aún queda mucho camino por recorrer.

Por ese motivo he escrito este artículo. No deberíamos perder un elemento del Patrimonio Inmaterial tan valioso para las futuras generaciones como son los cuentos de hadas originales, y mucho menos la costumbre de analizarlos en familia. Con las vacaciones navideñas a la vuelta de la esquina, espero que este texto ayude a reflexionar antes de que sea demasiado tarde.

 

REFERENCIAS

Bettelheim, Bruno: Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Barcelona, Booket, 2012.

Clute, J. y Grant, J., 1997 (revisado en 1999). Encyclopedia of Fantasy [Versión electrónica] Gran Bretaña: Orbit. Accesible en: http://sf-encyclopedia.co.uk/fe.php?id=0&nm=introduction_to_the_online_text 

[Fecha de consulta: 06/11/2019]

Tolkien, J. R. R., 1947. On Fairy-Stories [Versión electrónica]. Oxford: Oxford University Press. Accesible en: http://bjorn.kiev.ua/librae/Tolkien/Tolkien_On_Fairy_Stories.htm 

[Fecha de consulta: 05/11/2019]

 

FUENTE IMAGEN: kueponi.blogspot.com