Debes tener esperanza, Santa María de Rioseco te lo demuestra

No todo son malas noticias, por mucho que el mundo se ponga en contra. Hoy vamos a hablar de lo que sucede cuando la gente actúa. Y para eso, utilizaremos el caso de un monasterio de Burgos.

El monasterio de Santa María de Rioseco, fundado en el siglo XIII por monjes benedictinos, fue abandonado tras su desamortización en el siglo XIX. Con el tiempo, acabó incluido en la Lista Roja de Hispania Nostra. Pero su estado de ruina empezó a cambiar cuando un pequeño equipo de voluntarios, conocidos como el colectivo Salvemos Rioseco, decidió plantear iniciativas para su recuperación.

La propuesta más reciente fue la campaña de recogida de fondos para la restauración de la cilla del monasterio, que puede resumirse en cinco acciones:

  • Donaciones de particulares: hay que incluir a las cuatro empresas que donaron cantidades de 500 euros y superiores.
  • Visitas guiadas al monasterio: se calcula que 6000 personas acudieron al edificio en los últimos catorce meses.
  • Las fiestas y conciertos musicales que organizaron en el propio edificio: por ejemplo la gala lírica o la fiesta de la semana del voluntariado.
  • La campaña de micromecenazgo que puso en marcha Hispania Nostra: gracias a sus redes y contactos, consiguieron 6000 euros.
  • Y no debemos olvidar las cuotas de los socios del colectivo, una fuente de ingresos constante.

Al final recaudaron unos 44.000 euros. Además de salvar la bóveda de la cilla, colocarán nuevas estructuras de madera y tejas árabes. Aún quedan partes del edificio en riesgo de derrumbe, pero este es un avance significativo. Puedes consultar la noticia original aquí.

Hay que destacar un último aspecto. Al coordinador de Salvemos Rioseco, Juan Miguel Gutiérrez Pulgar, le sorprendió esa cifra de dinero. Y quiere premiar a todos los donantes. Es comprensible, en nuestro país tenemos un problema grave con la concienciación sobre nuestro patrimonio, a menudo desde las instituciones, sean públicas o privadas. Algunos solo ven rocas en el suelo o fiestas populares absurdas, y todavía no sabemos muy bien qué estrategias de Educación Patrimonial utilizar para cambiar esos puntos de vista. Muchas veces dan ganas de rendirse. A pesar de todo, existen personas sensibilizadas con el patrimonio. Como tú.

Ahora toca sonreír. Y renovar las fuerzas para seguir luchando.

¿Estás de acuerdo?

Fuente imagen: burgosconecta