El patrimonio a merced de la política

Como bien es sabido, el viernes 10 de julio la histórica Hagia Sophia fue revocada de su condición de museo para convertirse de nuevo en mezquita. El monumento, parte de la lista de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1985, abandonó la práctica religiosa en 1934, cuando el promotor del laicismo turco, Mustafa Kemal Atatürk, ordenó la restauración del edificio y la recuperación de los mosaicos, que habían permanecido encalados desde la conquista otomana de la ciudad en 1453. El pasado sábado, el gobierno de Recep Tayyip Erdogan anuló la decisión de 1934 a favor de una minoría islamista que argumenta que el monumento pertenece a la Dirección de Asuntos Religiosos y no al Ministerio de Cultura.

Una multitud celebra la reconversión de Hagia Sophia el pasado viernes © Murad Sezer/Reuters

Hagia Sophia, construida entre los años 532 y 537 bajo el reinado de Justiniano I el Grande tras la destrucción de la anterior iglesia durante la Revuelta de la Niká (532), se convirtió en el epítome de la arquitectura bizantina, además de contar con una importante cantidad de reliquias y mosaicos en su interior. Tras la entrada de Mehmed II en Constantinopla en mayo de 1453, este templo de la Santa Sabiduría fue transformado en mezquita, introduciendo elementos de culto islámico –mihrab, minbar y los cuatro característicos alminares– en reemplazo de las campanas, el iconostasio de plata y el altar. Del mismo modo, la mayor parte de los mosaicos fueron encalados, ya que el Islam prohíbe toda decoración figurativa.

Así permaneció durante siglos uno de los edificios más influyentes de la Edad Media, testigo presencial del paso, establecimiento y caída de imperios. Sin embargo, toda la historia que acumula el conjunto de origen bizantino no ha sido suficiente para resistir la presión de la corriente neo-otomanista que inunda Turquía en la actualidad y que, junto con una fuerte corriente islamista, el Gobierno de Erdogan ha visto necesario impulsar en pos de salir victorioso en las elecciones. La reconversión de Hagia Sophia es, sin duda, el mejor ejemplo de ello, ya que el pasado año el mismo Erdogan rechazó la propuesta de transformación del templo, alegando que los fieles ni siquiera eran capaces de llenar la cercana Mezquita Azul. De este modo, queda demostrado una vez más que la cultura y el patrimonio no se libran de la férrea garra de la política; es más, en el caso de Hagia Sophia queda demostrado que el simbolismo del control sobre la basílica es notablemente más importante que su mantenimiento.

Según el presidente, la reapertura al culto se formalizará el próximo 24 de julio, en lo que Erdogan ha nombrado como “segunda conquista” en alusión a la ya mencionada conquista de 1453; un tema fetiche para el sector islamista. A pesar de que desde el año 2013 se venía realizando la llamada al culto desde los alminares del edificio y de que el viernes 1 de julio de 2016 se llevaran a cabo los rezos por primera vez en ocho décadas, la reconversión de Hagia Sophia cambia radicalmente el juego. El miedo por la conservación del conjunto musivario del interior de la basílica así como del conjunto del templo en sí no es infundado, sino que se ha visto reforzado por experiencias similares en el pasado, como bien son Santa Sofía de Trabzon o Santa Sofía de Bizye, ambas víctimas de problemas en la conservación tanto de mosaicos como de infraestructura.

Aunque aún está por determinar el destino de los mosaicos de Hagia Sophia –ya que cualquier modificación en un lugar incluido en la lista de Patrimonio de la Humanidad ha de ser notificada y revisada por el Comité de Patrimonio de la Humanidad–, la imprecisión en el método que se va a llevar a cabo para taparlos hace que se barajen posibilidades tan distantes como el uso de cortinas durante las horas de rezo o la vuelta al encalado que los cubrió durante siglos. Una vez más, el miedo de las políticas de conservación turcas ha llevado a la alarma a cientos de académicos del mundo del arte y la historia, preocupados por el devenir de las obras que hoy en día se emplean como propaganda política. Parece ser que la toma de decisiones de los últimos años desvirtúa hasta la propia advocación de la basílica.

 

 

Recursos:

MOURENZA, A., “Erdogan corona su agenda islamista con la conversión de Santa Sofía” en El País nº 15.700, 11/07/2020.