El poder de inmortalizar el tiempo

Teodoro Metoquita fue un intelectual, mecenas y artífice de la gran renovación intelectual y artística que sufrió el Imperio Bizantino en su III Edad de Oro. Ejerció altos cargos políticos, lo que le llevó al exilio cuando Andronico III accedió al trono por la fuerza y quiso deshacerse de todos los que formasen parte del círculo de poder del antiguo emperador. Habiendo contemplado a lo largo de su vida como se gestaba una guerra civil y todas las muertes que ello conlleva, se aferró a la esperanza de perpetuarse a través de su empeño literario a lo largo de los siglos. Una esperanza cuya realización confió a los monjes de Chora antes de marcharse exiliado de Constantinopla.

Por amor a mí conservad en seguro , incólume , por encima y al reparo de todo abuso, el depósito de la más grande de las riquezas, los libros, que no tienen precio. (Metoquita , principios del Siglo XIV).

Alguien, hace más de siete siglos, comprendió el gran poder de la cultura, única en cada una de sus expresiones, que permite inmortalizar a través del tiempo lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos, mientras la vida humana se inestabiliza, viene y va.

No está de más recordar esto ahora. Nos enfrentamos ante la adversidad de conservar un patrimonio en un mundo donde cada vez el arte, a mi parecer, está más trivializado. Urge liberar a cada obra de la cárcel de la banalización y urge que seamos conscientes de la suerte que tenemos de poseer nuestro patrimonio.

El arte no quiere vender, no quiere comprar, no quiere convencer, no quiere ganar.

Está fuera de sus juegos mundanos porque no es un medio como lo son el resto de cosas: es un fin en sí mismo. Eso es lo que lo hace valioso y vulnerable al mismo tiempo: el arte no se crea para cobrar intereses por que delega su continuidad en nosotros y con ello, sus beneficios, sus luchas, sus puertas abiertas a la reflexión… Nuestro patrimonio se comporta como un fuego que parece adquirir su propio alma cuando es creado, pero necesita que le insuflen vida para seguir ardiendo, y se apaga cuando ya no lo tenemos en cuenta.

El arte: de endebles cimientos y de poderosas consecuencias, que une lazos entre personas de otro tiempo y otro lugar muy distinto. Catártico al crearlo y al consumirlo. A veces, de apariencia quieta y unívoca, pero con una lectura escondida y preparada para ser descubierta por cada generación que quiera admirarlo. De nosotros depende la permanencia del arte y sonsacar lo que quiere decir y lo que dice sin querer. Sabiendo que el patrimonio es privilegio y responsabilidad de todos, sería hipócrita dejar que siga siendo exclusivamente tarea de estado o que las decisiones sobre el mismo recaigan sobre una minoría de intelectuales.

Estamos en deuda con el pasado. No defraudemos ahora. No nos arrepintamos en el futuro.

Fuente Imagen: Mezquita de Córdoba. Autoría de Cristina Moreno Vitas.