El templo de los aurigas modernos

Contemplado desde el aire, podría tratarse de un circo romano hecho pedazos por el paso de los bárbaros, como sucede con el Circo Máximo en la Ciudad Eterna. Es alguna de las ventajas de descubrir a vista de pájaro todos los rincones de la tierra, gracias a las  bondades de Google maps. Se entiende en cualquier caso que la elipse que destaca en medio de la efervescencia urbana, no está ahí por capricho. Delimitada por una riera e invadido de obscenas pistas de pádel, ese espacio semiperdido en la ciudad de Palma es lo que queda del primer gran velódromo de España y el más importante hasta la construcción del de Anoeta en San Sebastián en 1965. Mucho antes, desde 1903, el Velódromo de Tirador fue escenario de magníficas competiciones de todos las categorías del ciclismo en pista. Relegado hoy a un segundo plano informativo, este deporte gozó en nuestro país de verdadero fervor durante gran parte del siglo XX. Sin ir más lejos, no es casual que Tirador se encuentre en las islas, y no en otro lugar. En el pueblo de Felanitx, a escasos  cincuenta kilómetros había nacido la gran figura del ciclismo en pista del deporte nacional, el mito, aún viviente, de Guillem Timoner (1926). La España de los Cincuenta, gris y nacionalcatólica, contó entre sus leyendas, amén del Real Madrid, con la figura de Timoner, seis veces campeón del mundo en la desaparecida modalidad de medio fondo tras moto. Todavía da pánico imaginar a aquellos hombres protegidos con chichoneras de cuero, que volaban por aquellas pistas a riesgo de descalabrarse. Más de uno y de dos sufrieron accidentes mortales, como recuerda la placa del Velódromo que hoy traemos aquí. Placa que, junto a la que homenajea a Timoner, está actualmente vandalizada. ¿Se imaginan semejante escarnio allende los Pirineos? ¿Un monumento a Anquetil decapitado? 

La pista de hormigón con gradas es uno de los escasos ejemplos que se conservan, en el mejor de los casos, de la arquitectura histórica deportiva en nuestro país. La instalación contaba también con una suerte de airoso templete para autoridades, construido algo más tarde (1918). De la misma manera que la maleza se engarza hoy entre las lajas de cemento, una tribu okupa parece haber encontrado refugio en el edículo que una vez frecuentaron las clases altas. Mal gusto no les falta. Como huella de asentamiento los okupas lo han pintarrajean todo, fieles a su inequívoco estilo inane. Desde el fin de su uso como instalación deportiva en 1973, el velódromo había ido de mal en peor, y si no fue nunca demolido fue por hallarse en terrenos no urbanizables. Hoy es de titularidad pública y goza de protección al estar incluido en el Catálogo Insular del Patrimonio Histórico, a la espera de ser renaturalizado como espacio verde. Cuesta imaginar hoy en día a aquellos valientes que desafiaban ese peralte de vértigo, abrazados a la sola inercia, como modernos aurigas de un esperanzado mundo nuevo. Por suerte, en Tirador, aún puede hacerse. 

El Velódromo de Tirador está en la Lista Roja del Patrimonio desde el 26 de noviembre de 2019. ¿Cuándo pasará a la Lista Verde del Patrimonio?

 

 

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