Encadenados

Casa da cadea significa en lengua gallega casa de cadena, ergo la cárcel. Si se pronuncia con acento brasileño resuena incluso poético. Paradojas del paso del tiempo, cómo edificios de piedra donde las torturas o tormentos no debían escasear, la comida muchísimo y los derechos humanos aún no se habían inventado (tendría que llegar la Ilustración y en España ni eso), son hoy ejemplos de sólida y hermosa arquitectura. Y es que las piedras no tienen memoria para los desmemoriados. En la capital de España hay buenos ejemplos de ello. El palacio de Santa Cruz, hoy Ministerio de Asuntos Exteriores, alojó desde el siglo XVII la cárcel de la Corte. No es difícil imaginar que los tragaluces con barrotes daban a sórdidos calabozos, por dónde los familiares y amigos deslizaban alimentos, cartas y coraje a los desgraciados huéspedes. Si no el más célebre, que parece fue Lope de Vega, sino el más infeliz, Rafael de Riego, pasó allí sus últimas horas. La encarnación viva del primer liberalismo fue paseado en un serón hasta la cercana Plaza de la Cebada, donde se le ahorcó como a un perro. Esta horrible expresión está a la orden de día de muchos galgos resabiados en la Mancha, por cierto, en pleno 2020. No lejos de allí y vecino al Madrid de los Austrias hay un Centro de Mayores en la calle de la Cabeza con un secreto en sus sótanos: un más que probable calabozo de la Inquisición, que puede visitarse previo permiso del vigilante de seguridad que no sabe ni que existe. El lugar está desierto, con sus mazmorras de ladrillo y sus barrotes, ¡pero nos parece mucho más cálido que el que retrató Edgar Allan Poe en el Toledo de The Pit and the Pendulum! Los restauradores del edificio tuvieron el buen gusto de no darle ningún uso, por lo que es lugar de visita obligada a los amantes de la historia negra de España. 

La Lista Roja tiene entre sus adscritos un viejo presidio en A Pobra do Caramiñal, la Coruña. Nada parece indicar que se tratase de una Casa da cadea, sin tragaluces ni barrotes, pero sí con recios sillares y un imponente escudo recordatorio de que el edificio era res publica. Claro que hasta el siglo XIX ya se sabe cómo lo público y lo privado convivían buenamente para el bien de una minoría. En la Pobra, como en gran parte de España y Europa, los señores eran juez y parte, e impartieron justicia en nombre del rey durante interminables siglos. La heráldica de la fachada así lo atestigua: cinco grandes familias al mando, los Bolaño, los Arias, los Moscoso, etc. La finca verdaderamente tiene encanto, encastrada entre edificios modernos sin ton ni son, como una vieja cómoda de caoba abandonada en una tienda de Ikea. Parece que el ayuntamiento la ha adquirido en 2019 para rescatarla y darle uso de biblioteca. Una casa de cadena convertida en casa de los libros no nos puede parecer solución más acertada. O tempora, o mores.

La Casa da cadea está en la Lista Roja desde el 25 de octubre de 2019. ¿Cuándo engrosará la Lista Verde?

 

Foto de la izquierda: Ricardo Varela

Foto de la derecha: www.patrimoniogalego.net

 

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