España: Paisaje y Paisanaje

La Cultura, la Historia, el Arte, el Pensamiento y el Conocimiento Científico de una nación forman parte de lo que se ha denominado modernamente el Poder Blando de un país, el soft power en la denominación del profesor de la Universidad de Harvard Joseph Nye. Estos poderes no son tan contundentes como el poder militar o el económico -los llamados poderes duros- pero son muy efectivos en la creación de la imagen de los países y, por tanto, de su prestigio y de su capacidad de influencia en la comunidad internacional. En definitiva, estamos hablando no sólo del paisaje de un país sino también de su paisanaje. Es decir, no sólo del Patrimonio material e inmaterial que se muestra a la vista sino también de su población y de las ciencias y saberes que sus nacionales han ido acumulando a lo largo del tiempo. Resaltamos hoy esta cuestión porque dentro de nuestros “poderes blandos”, algunas personas o entidades, dentro y fuera de España, han puesto en duda las aportaciones de los españoles, de su población, a los saberes científicos. Pues bien, esta es nuestra opinión al respecto.

En efecto, España ha tenido en su historia hombres y mujeres de pensamiento y de ciencia, muchos más de los que la gente en general supone, incluido el francés Masson de Morvilliers -que tanto acusó a España de falta de aportaciones culturales y científicas a la civilización occidental-, y ahí están los trabajos al respecto de Don Marcelino Menéndez Pelayo y de otros estudiosos modernos que demuestran lo contrario, pero también es cierto que son menos de los que hubieran debido ser atendiendo a la importancia y trascendencia de la historia de España en el mundo. ¿Cuál puede ser la razón de ese desfase?

Creo que tal razón se basa en la falta de población. España ha sido a lo largo de su historia una nación poco poblada. Nos ha faltado población suficiente. Nos ha faltado, específicamente población de reserva, es decir, aquella población con formación y conocimientos suficientes para dedicarse a la especulación racional durante el tiempo necesario para obtener resultados sobresalientes.

Toda la población española disponible, con grandes dosis de inteligencia o con   medianas, se ha visto obligada a la acción, a la resolución de los problemas diarios fueran éstos importantes y de gran calado o insignificantes. De manera que las mejores cabezas sólo se han podido dedicar a solucionar cuestiones que exigían respuestas inmediatas. Esa población de reserva, tan necesaria, apenas ha existido en España.

Aun así, el pensamiento en español ha sido y es notable, dando resultados insospechados y generalmente poco conocidos. Estúdiese, por ejemplo, la obra y la figura de Isidoro de Sevilla, el hombre más sabio de su tiempo que sistematizó el conocimiento existente hasta entonces a través de sus Etimologías, o la Escuela de Traductores de Toledo, donde el castellano se llena de un léxico filosófico, que después pasará a otras lenguas modernas europeas, o la obra del rey Alfonso X, el Sabio, que define una nueva concepción de las disciplinas intelectuales: la Física, la Metafísica y la General Historia, o la Escuela de Salamanca, donde sus grandes maestros, como es el caso de Francisco de Vitoria, Melchor Cano, Martín de Azpilcueta, Domingo de Soto, Francisco Suárez, Luis de Molina, Tomás de Mercado, Juan de Mariana y muchos otros, preparan el pensamiento racional sistemático para comprender el mundo moderno que por entonces se construía, actuando desde diversas disciplinas como la teología y la filosofía hasta la física, la matemática, el derecho y la economía.

Y es que si España en el siglo XI tenía una población algo menor que Francia e Italia y superaba a las de Alemania y Gran Bretaña, al final del periodo inicial de creación de la ciencia y el pensamiento modernos: 1500-1850, los cuatro países europeos mencionados habían multiplicado sus habitantes por 5, 4, 7 y 10, respectivamente, mientras que España sólo lo hizo por 3(*). Con esta ventaja de los países de nuestro entorno en la disponibilidad de poblaciones de reserva en el sentido señalado aquí, se explica el desfase comparativo español mencionado anteriormente. El filósofo alemán Friedrich Nietzsche lo decía en el siglo XIX: ¡Lo que han sido capaces de hacer los españoles sin apenas población! Si llegan a ser más, ¿qué hubieran llegado a hacer? Desgraciadamente hoy no se puede hablar de aumentos importantes de población en la conformación de nuestro Paisanaje, sino que, por el contrario, se habla lamentablemente de la España vacía y vaciada.          

(*)  Ver Cuadro adjunto.

POBLACIÓN  (Mill.Habitantes)

Países / Años 1.000 1.500 1.600 1.700 1.820
Alemania 3,5 12,0 16,0 15,0 25,0
Islas Británicas /Gran Bretaña 2,0 3,9 6,1 8,5 21,2
España 4,0 6,8 8,2 8,8 12,2
Francia 6,5 15,0 18,5 21,5 31,3
Italia 5,0 10,5 13,1 13,3 20,2

Fuente Tabla: Angus Maddison  (2.007). Proyecto Maddison.

Fuente imagen: Museo del Prado (“El príncipe don Carlos de Viana” (1881), del pintor José Moreno Carbonero, nº de Catálogo P 006802).