Exclusiva con Doña Beatriz Galindo, dama de la Corte de la reina Isabel La Católica, humanista, erudita y fundadora de varias fundaciones religiosas en Madrid

Madrid, 1530

Hoy tenemos el honor de poder hablar con Doña Beatriz Galindo, dama de la Corte de la reina Isabel La Católica, humanista, erudita y fundadora de varias fundaciones religiosas en Madrid. *

 

P: Buenos días, doña Beatriz y muchas gracias por recibirnos en su hogar, el convento de Concepción Jerónima. En inicio, me gustaría preguntarle sobre su familia y su vida de niña.

R: Es un placer tenerles aquí. Bueno, mi familia era noble, pero no adinerada. Vivíamos en Salamanca, pero provenimos de Zamora. Tuve una niñez como muchos niños de las familias nobles urbanas. Como estaba interesada en la cultura y las lenguas, y mis padres decidieron mandarme a un convento, como es costumbre todavía hoy en día, sobre todo siendo mujer. El convento da la libertad a las jóvenes para dedicarse a los estudios que nos interesan y no supone un gasto económico para la familia.

P: Pero Usted nunca ha llegado a profesarse. ¿Qué ha pasado?

R: Una seria de circunstancias me han permitido poder estudiar y dedicarme a lo que me interesa sin tener que encerrarme en el convento. La razón fundamental fue la voluntad y deseo de mi querida reina, doña Isabel, que me llamó a la corte para que le enseñase el latín que yo ya en ese momento hablaba bastante bien. Así que elegí la vida en la corte en vez de en el convento.

P: ¿Cómo transcurrieron esos años de vida en la corte?

R: Llenos de momentos inolvidables, relacionados, sobre todo, con mi querida reina. Yo fuí muy joven a la corte y ella siempre se comportó con mucho cariño. Le enseñaba el latín, como ya le he comentado, pero también hablamos mucho de cosas y sucesos que acontecían en el día a día.

P: Luego llegó el matrimonio, si no me equivoco. ¿Fue entonces cuando dejó la corte de la reina?

R: Sí, la reina organizó mis nupcias con don Francisco Ramírez, el capitán de Artillería. Fue un soldado de gran confianza de los reyes, participó incluso en la batalla de Toro. Era bastante mayor que yo y murió luchando por la corona en Andalucía. Tuvimos dos hijos, nuestro primogénito ha sido apadrinado por el mismo rey, don Fernando.

Mi marido fue nombrado regidor del Concejo de Madrid, tenía mucho trabajo en la villa. Pero yo me quedé en la corte, la reina quería que le acompañara. Solo después de la muerte de mi marido, decidí instalarme definitivamente en Madrid y proteger los intereses de mis hijos, ambos demasiado jóvenes para poder asumir las responsabilidades que heredaron de mi difunto marido.

P: ¿Es verdad que desde que se ha instalado en Madrid nunca ha vuelto a salir de la villa?

R: He salido una vez. Cuando murió la reina, decidí acompañarla en su último viaje hasta Granada, donde dispuso que la enteraran. Pero, aparte de eso, me he entregado a esta villa, su vida religiosa, cultural y social. Tuve oportunidad de ver a mi marido trabajar para mejorar en todo lo que podía la vida de los madrileños y estoy intentando seguir su ejemplo.

P: Hábleme de su labor como fundadora de varias fundaciones religiosas en Madrid. Me imagino que es una tarea nada fácil. ¿Cómo ha conseguido todo eso?

R: Las mujeres de la corte lideradas por la reina teníamos todas mucho interés en cuestiones culturales y religiosas y hemos intentado de alguna forma reformar los aspectos que no están en concordancia con la nueva sociedad creada por los reyes. Un buen ejemplo de ello podrían ser las beatas, a las que hemos intentado organizar de alguna manera. Lo que significa incluirlas en alguna orden. La orden más similar a sus prácticas y creencias es la regla concepcionista. Vivimos en una nueva sociedad, un nuevo reino y nueva orden política. Hay que reformar otros aspectos de la vida y la reforma cisneriana pretende incluir todos los beaterios a las reglas ya establecidas. El trabajo que desempeño con las fundaciones religiosas desde que murió mi marido proviene de mi deseo de dotar a Madrid con hospitales y conventos que se hagan cargo de toda gente necesitada.

P: Perdone que le interrumpa, pero me interesa si es verdad que tuvo problemas con los frailes franciscanos. Se hablaba bastante de ello.

R: Eso fue un asunto bastante complicado. De las tres fundaciones de las que hablo, primero fundé el hospital. Después de la muerte de mi marido, decidí fundar al lado del hospital un convento femenino que, al mismo tiempo, sería mi nuevo hogar. Iba a ser con religiosas jerónimas, bajo la advocación de la Concepción, pero estaba en el mismo barrio que el convento de San Francisco y eso supuso un problema de índole político-religiosa. Los franciscanos no querían a los jerónimos en el centro urbano donde tenían mucha influencia. He luchado varios años, pero al final no pude llevar a cabo esa idea. Ese convento lo he trasladado finalmente a el arrabal de la Santa Cruz, donde también dispongo de algunas propiedades.

P: ¿Y qué pasó con el espacio donde iba a ser ese convento?

R: Allí es donde he fundado la tercera fundación religiosa – otro convento, pero esta vez de orden franciscana. Las religiosas franciscanas bajo la nueva orden concepcionista de la que ya hablé lograron satisfacer a todos. También, organicé mi vida allí, teniendo al mismo tiempo el hospital al lado.

P: Le llaman La Latina. ¿Se dedica todavía a los libros y al latín?

R: Tengo mi biblioteca personal aquí, en el convento de Concepción Jerónima. Es mi primer amor y lo veo como un aspecto muy importante en mi vida. Gracias a saber latín, pude vivir esta vida y hacer todo lo que he querido.

P: Sin duda alguna, una vida llena de logros. Se habla mucho que la reina Isabel dependía bastante de sus consejos. Pero, ¿es verdad que los monarcas que la han sucedido también vienen a verla?

R: En algunas ocasiones, el rey don Fernando vino a verme. Y tras su muerte, su nieto, rey don Carlos. Sobre todo, cuando se trata de algún asunto que tiene que ver con los papeles de la difunta reina de la época en la que estaba yo en su servicio en la corte.

P: Muchas gracias por esta conversación y por todo el trabajo que hace en Madrid.

R: A usted y adiós.

 

*aunque los hechos presentados en esta entrevista son históricamente correctos, todo el dialogo es el fruto de la imaginación de la autora