Exclusiva con doña Luisa Ignacia Roldán, escultora de la Corte

Madrid, 1706

Buenos días a todos. Esta semana tenemos el honor y el placer de hablar doña Luisa Ignacia Roldán, escultora de la Corte. *

 

P: Buenos días, doña Luisa y gracias por recibirnos estando tan delicada de salud. No le vamos a molestar mucho tiempo. Empezando esta entrevista, me gustaría hablar de su infancia.

R: Buenos días y gracias por el interés que muestran por mi vida y mi trabajo. Como bien sabe, nací en Sevilla, en una familia muy grande. Soy la cuarta de nueve hijos, así que puede imaginar nuestra vida familiar. Mi padre es Pedro Roldán, que tenía un taller de escultura.

P: Su padre es uno de los escultores más importantes contemporáneos de Sevilla.

R: Gracias por pensar así. Mi padre llevaba un taller muy grande, es verdad. Tenía muchos encargos, trabajaba sin parar. Llegó a tener tanto trabajo que no bastaba con que mis hermanos y yo trabajábamos con él y tuvo que contratar a más gente.

P: ¿Fue entonces cuando conoció a marido? Es una historia de amor muy romántica y llena de obstáculos en principio.

R: Sí, a Luís Antonio le conocí en el taller. Tenía 19 años cuando nos casamos y mi padre estaba en contra de ese matrimonio. Fui sacada de mi casa paterna mediante mandamiento judicial permaneciendo bajo custodia del maestro dorador Lorenzo de Ávila hasta que se celebrase la boda y unos 10 días después nos casamos.

P: Su trayectoria laboral se ve estrechamente vinculada con la de su marido.

R: Si, ello se debe a que en realidad compartíamos el taller. En principio, nos quedamos en Sevilla, aceptando encargos desde toda Andalucía. En pocos años pudimos desarrollar un taller grande, trabajábamos mucho. Pero en esa época también tuvimos muchas desgracias personales, con las muertes de nuestros primeros cuatro hijos.

P: Siento mucho oírlo. En esa época andaluza, si la podemos llamar así, tuvo mucho éxito también fuera de Sevilla, si no me equivoco.

R: Sí, sobre todo en Cádiz. De hecho, prácticamente vivíamos entre Sevilla y Cádiz por el tema del trabajo.

P: Y después de 17 años viviendo y desarrollando su carrera en Andalucía, en 1689 decide a trasladarse a Madrid. ¿Por qué?

R:  Nos instalamos en la Corte, la invitación vino de allí y no la pudimos rechazar. Nuestro mecenas es don Cristóbal de Ontañón, ayuda de Camara del rey Carlos II.  Y claro, para un artista, la llamada que viene desde la Corte también conlleva un cierto prestigio y reconocimiento del trabajo.

P: Otro reconocimiento, también desde la Corte, no ha tardado en venir.

R: Efectivamente. Poco después de venir a la Corte, me nombraron la escultora de cámara. Y, tras la muerte del rey Carlos II y la llegada de nueva dinastía con el rey Felipe V, he seguido siendo la escultora de cámara. Soy la primera mujer que ostenta ese puesto.

P: Pero, ¿es verdad que el puesto vino sin las aportaciones económicas que normalmente acompañan esos nombramientos?

R: Bueno, es verdad que primeros años en Madrid vivimos en un estado de precariedad. Pero en 1695 a Luís Antonio le conceden un puesto en la Corte con el sueldo correspondiente.

P: Me alegro mucho. Me gustaría hablar un poco de su estilo artístico. ¿Cómo ve usted su evolución?

R: Si uno crea durante más de 30 años, es normal que su estilo evolucione. Pero, mirando hacia tras, creo que he cambiado poco mi concepto artístico. Al final, siempre vuelvo a lo que aprendí en el taller de mi padre. Si debo destacar alguna evolución a lo largo de estos años, creo que se pueden concretar en dos aspectos. En primer lugar, ese realismo dramático del principio de mi carrera, creo que lo he dulcificado un poco tras llegar a Madrid. Y en segundo lugar he abandonado el estatismo, muy relacionado con mi padre, por una escultura más dinámica.

P: ¡Que interesante! Y, debo reconocer que tenemos mucha suerte de estar ahora en su casa, porque acabo de llegarle una carta de Italia.

R: Sí, quiero compartir esta gran noticia con ustedes. Me acaban de informar de que me han nombrado académica de Mérito de la Accademia di San Luca en Roma.

P: ¡Felicitaciones! Y muchas gracias por su tiempo.

R: Gracias. Adiós.

 

 

*aunque los hechos presentados en esta entrevista son históricamente correctos, todo el diálogo es el fruto de la imaginación de la autora.