Exclusiva con Juan Vives March, gran jurista, filósofo y humanista

Brujas, 1538

¡Buenos días a todos! Esta semana hemos viajado hasta Brujas para poder hablar con un hombre muy importante para nuestra sociedad, Don Juan Vives March, gran jurista, filósofo y humanista. *

P: Buenos días don Juan y muchas gracias por hablar con nosotros aquí en Brujas. Iniciando esta entrevista, me gustaría hablar un poco de su familia.

R: Buenos días, es un placer. Sí, empezando desde el principio. Yo nací en Valencia y mi familia es de judeo-conversos. Por parte de mi madre, soy descendiente del poeta Ausias March.

P: Perdone la interrupción, pero después de su muerte, su cuerpo fue quemado, ¿verdad?

R: Sí, pero eso pasó unos 20 años después de su muerte. Él murió en 1508, durante la gran peste. Y luego, en 1529 quemaron sus restos como hereje. Mi propio padre fue también quemado, pero, en su caso, vivo y, anteriormente, condenado en un auto de fe. Pero, todo eso es una triste parte de mi pasado y en el pasado se queda. Yo predico y voy a predicar siempre el amor, la concordia y la pacificación.

P: Después de todos esos acontecimientos, usted se mudó a Paris y hasta la fecha no ha vuelto a España.

R: No, me mudé antes de la muerte de mi padre. Mi intención fue estudiar en esa gran ciudad. Y lo hice en los colegios de Beauvais y Montaigu.

P: En esa época de dedicó a las cuestiones filosóficas de la distinción entre lógica y metafísica, si no me equivoco.

R: Efectivamente. Incluso llegué a publicar unos escritos, pero no entremos ahora en esas preguntas complejas. En todo caso, en Paris viví solo un año. Después me vine a Brujas y de momento aquí sigo.

P: Pero durante un tiempo ha vivido también en Inglaterra, ¿no?

R: Sí, sí. Allí he vivido unos años muy intensos, tanto en la vida académica, como en la vida de la Corte. Impartía clases en el colegio Corpus Christi, de Oxford y continuaba con la publicación de mis ensayos. El rey Enrique VIII me nombró preceptor de la princesa María y lector de la reina Catalina de Aragón. He estado allí cuando se planteó la cuestión del divorcio de la pareja real y yo compartía la opinión de la Reina, pero ya eran mis últimos días en ese país y mi intervención fue limitada.

Todo este tiempo impartía clases en el colegio Corpus Christi, de Oxford y continuaba con la publicación de mis ensayos.

P: Me imagino que, al volver a Brujas, continua con sus estudios.

R: Así es. Al volver a Brujas, he vuelto también a la Universidad de Lovaine, donde estuve trabajando antes de mi largo viaje a Inglaterra.

P: Usted ha dedicado su vida a la academia y los estudios de la filosofía. Su obra más celebre es De disciplinis. ¿Nos puede decir algo sobre ella?

R: Es una obra donde yo expongo mis ideas de renovación de lo antiguo y de incorporación de elementos nuevos. Mi propósito también ha sido examinar las causas de la decadencia de los estudios puesto que me interesa mucho estudiar los métodos adecuados para una profunda reforma de la enseñanza.

También, he dedicado un tiempo y espacio en mi libro a analizar la situación en los estudios de la Gramática, Retórica, Dialéctica, Filosofía Natural, Filosofía Moral, etc.

P: ¿A qué se dedica estos días? ¿Sigue investigando estos temas?

R: Estos días, lo que ocupa mis pensamientos y lo que me interesa de manera especial es la psicología, a la que he dedicado un tratado De anima et vitae, que acabo de escribir. He llegado a la conclusión, después de mis estudios empíricos del estudio del alma, que deberíamos separar la psicología de la metafísica.

P: Es usted, entonces, el “padre” de una nueva psicología, la psicología moderna.

R: Eso el tiempo lo dirá. Pero lo que mí me interesa no es definir y examinar la naturaleza del alma sino estudiar sus manifestaciones. Por eso considero imprescindible separar esos campos de estudios.

R: Esta obra suya que acabo de mencionar también es importante por su reflexión sobre el origen de nuestro conocimiento, de lo que usted denomina “semillas del saber” y la diferenciación entre juicio natural y juicio artificial.

P: Sí, la idea es simple. El juicio natural es una serie de anticipaciones, que se puede entender como nociones comunes. Pues a partir de ese punto de desarrolla el juicio artificial y entrelazándose se crea el carácter individual de cada persona.

R: ¡Que interesante! Muchísimas gracias por esta conversión y explicación de su trabajo. ¡Mucha suerte para el futuro!

P: A vosotros. Y buen viaje de vuelta a España.

 

*aunque los hechos presentados en esta entrevista son históricamente correctos, todo el dialogo es el fruto de la imaginación del autor