Exclusiva con Mateo José Buenaventura Orfila i Rotger, fundador de la toxicología

Madrid, 1848

¡Buenos días a todos y bienvenidos, una semana más, a nuestro rincón donde hablamos con los personajes más interesantes de la historia de España! Nuestro invitado hoy Mateo José Buenaventura Orfila i Rotger nos descubrirá los misterios de la toxicología. *

 

P: Buenos días Don Mateo y gracias por estar con nosotros. Me imagino que el viaje desde Francia para estar aquí no ha sido nada fácil.

R: Buenos días. Es verdad, llevo viviendo casi toda mi vida en Paris, me fui de España hace muchos años, pero me gusta volver de vez en cuando.

P: Usted nació en Menorca. ¿Qué nos puede contar de su infancia?

R: Sí, nací en Mahón, en Menorca. Mi familia pertenecía a la burguesía, si se puede decir así. Mi padre invertió mucho en mi educación y, en principio, me iba a dedicar al comercio marítimo. Estudié idiomas, matemáticas, filosofía…

Después de una mala experiencia en el mar que tuve siendo todavía adolescente, mi padre me dio permiso estudiar lo que yo quería. Así me matricule en Medicina en Valencia.

P: ¡Que curioso es el destino! ¿Cómo fueron los estudios de Medicina en Valencia?

R: En el primer año me interesé mucho por la Química. Después de ese primer año en Valencia, me mudé a Barcelona donde estudié Química con el profesor Don Francisco Carbonell y Bravo. Él fue quien me ayudo a conseguir una beca de la Junta de Cataluña para ir a estudiar Química bajo la condición de volver y llevar la Catedra de Química en Barcelona.

P: ¿Así que, cambió los estudios de Medicina por los de Química?

R: Al final no. La beca era para los estudios con el profesor Don Joseph Louis Proust y le tuve que seguir a Paris. Me matriculé en las Ciencias Físicas y Naturales, pero también en Medicina. Sin embargo, nada más empezar mi educación académica en la capital francesa, empezó la Guerra de la Independencia en España. La Junta canceló el programa de becas y mi padre no me pudo ayudar por el cierre de las fronteras. Tuve que recurrir a un pariente en Marsella que fue quien finalmente me ayudó a terminar mis estudios. Opté por Medicina.

P: Debió de ser muy complicado estudiar en la época de guerra. ¿Usted decidió quedarse en Paris incluso después de los estudios?

R: Sí, allí empecé a trabajar y a hacer experimentos. Me interesé mucho en toxicología y me dediqué sobre todo a los venenos y a estudiar cómo se descomponen en el cuerpo humano. Me di cuenta que nadie antes había llegado a las conclusiones a los que llegué yo.

Hubo un momento, ya cuando tenía un poco de fama por mis trabajos y descubrimientos, en el que pensé que volvería a España. Me ofrecieron la Catedra de Química en Madrid, pero al final el Gobierno no estuvo dispuesto a cumplir con mis demandas – más dinero invertido en la ciencia experimental y más protagonismo de la Química en las universidades. Al final me quedé en Paris, ya que allí las condiciones de trabajo se ajustaban más a mis necesidades.

P: ¿Dónde trabajó en Paris?

R: Primero desempeñé el cargo de médico de cámara de S.M. Rey Louis XVIII y pocos años después me dieron la Catedra de Medicina Legal de la Facultad de Medicina en Paris. Desde 1819 estoy allí. Desarrollé toda mi carrera científica, académica e incluso política desde esa institución.

P: ¿Política?

R: De alguna manera, sí. Ocupé varios puestos que conllevaban un aspecto político significativo. En primer lugar, el propio puesto de decano, por su influencia en la educación y desarrollo del académico. Pero, además, fui nombrado miembro del Consejo General de Hospitales, que luego pasó a formar parte del Consejo General del Sena y del Consejo de Instrucción Pública. Me fui incorporando también a la Real Academia de Medicina, al Consejo de Salubridad y al Consejo Municipal de París.

P: Sin duda alguna, una carrera llena de éxitos y cargos importantes.

R: Se podría decir que sí. Para mí, sin embargo, lo más importante es lo que dejo detrás mío en el campo de los descubrimientos y en el mundo científico.

P: Que para nada es poco. Usted es considerado el fundador de la toxicología.

R: Sí, fui el primero que se dio cuenta de la importancia de esa rama que requiere conocimiento de muchas ramas de la medicina y química. Nunca me cansé de estudiar los venenos.

P: Para final, ¿tiene alguna anécdota de su larga carrera?

R: Uff, hay muchas. Igual la más conocida es el “caso Lafargue”. Se trata de un homicidio a base de arsénico. En primer momento, las pruebas no daban ningún resultado concluyente, pero el segundo análisis demostró la presencia del arsénico y la viuda del señor Lafargue fue detenida. Sin embargo, el perito de la defensa no encontró los restos del veneno en el cadáver y se llegó a sospechar de la veracidad de los resultados anteriores. Reclamaron mi arbitraje y mi opinión sobre el asunto. Hice de nuevo el análisis y pude demostrar que la muerte había sido provocada por el veneno, contrariando al perito de la defensa y argumentando científicamente el homicidio por envenenamiento.

P: Que historia intrigante para terminar esta charla. Una vez más, muchas gracias por viajar desde Paris para hablar con nosotros.

R: Muchas gracias a Usted por llamarme. Adiós.

 

 

*aunque los hechos presentados en esta entrevista son históricamente correctos, todo el dialogo es el fruto de la imaginación del autor