Francamente querida, me importa un bledo

Así, sin anestesia, al más puro estilo Clark Gable en “Lo que el viento se llevó”, percibimos el aparentemente nulo interés público y privado por parar el cierre de monasterios y la disgregación del patrimonio que albergan.

Yo, personalmente, me quedo de piedra al leer la abrumadora lista de monasterios y conventos, masculinos y femeninos, que se han cerrado en España sólo en los últimos 19 años. Y eso que la lista está incompleta. Sangría que, por desgracia, no va a parar.

¿A nadie le interesa conservar la riqueza innegable de estos lugares? ¿Vamos a dejarlos en manos de los inversores voraces, que sólo buscan la máxima rentabilidad inmobiliaria? ¿Vamos a seguir permitiendo el expolio del patrimonio arquitectónico y artístico que significan lugares como el Monasterio de Santa Clara (Peñafiel, Valladolid) o el Monasterio de Santa María del Arrabal (Cádiz)?

Sin entrar a analizar las razones del vaciado de monasterios y sin tocar temas religiosos o políticos, deberíamos ser capaces de reconocer lo que éstos representan para nosotros como Cultura, con mayúsculas, y como Herencia Histórica, haciendo lo posible por defenderlos, y buscando la forma de mantenerlos en el tiempo al servicio de la sociedad.

Parece que muchos de los monasterios y conventos han encontrado su tabla de salvación en el turismo, y otros tantos en la cultura, al convertirse en museos o centros de exposiciones y actividades; sin embargo, muchos de ellos están condenados al olvido, por estar en lugares alejados o menos accesibles. Codiciados por las entidades públicas y privadas para sus sedes más representativas, están en el punto de mira, siempre, eso sí, despojados de la historia previa que los debería acompañar, como mínimo, en señal de respeto a quienes fueron sus ocupantes previos y han velado por que sigan en pie durante siglos.

Por toda Europa se están abordando planes de recuperación diferentes a los enfoques tradicionales de España, ofreciendo lugares de encuentro ciudadano, compartidos con modelos de negocio de enfoque sostenible (económica, medioambiental y socialmente hablando).  Por ejemplo, el monasterio dominico de Santa Catalina en Borgo San Lorenzo, Italia, que abrirá las puertas para albergar tres usos diferentes, en sus distintas plantas: un centro de salud, un centro cultural y un área de ocio y de restaurantes.

¿Seremos capaces de encontrar una propuesta global para éstos claustros? ¿Existen inversores no voraces ahí fuera con ideas frescas? ¿Qué nuevos usos demanda la sociedad en general, que pudieran integrarse en estos conjuntos históricos sin suponer un desastre para ellos? Desde mi humilde punto de vista, se pueden hacer grandes cosas.

 

Referencias: http://divinavocacion.blogspot.com/2018/02/monasterios-y-conventos-clausurados-en.html

Fotografia: Pixabay