¡Ha llegado tu hora! ¿Morirás como un valiente?

Muchos periodistas han comparado nuestra situación actual de pandemia mundial con una guerra. En cierto sentido no les falta razón, ya que nuestra vida diaria ha sido trastocada y todos los días recibimos noticias relacionadas con el Covid-19, bien sean análisis de cómo se gestiona la crisis o bien si existen cambios en el recuento de víctimas. Debido a ello, es muy fácil olvidarnos de cualquier otro asunto que no tenga que ver con la salud y la seguridad.

No obstante, hay que encontrar un equilibrio entre cumplir con las obligaciones sanitarias y continuar con nuestras labores. Defender nuestro Patrimonio Cultural es una de esas actividades que con mayor facilidad se pueden posponer en nuestra agenda, algo que ya sucedía incluso antes de la pandemia. No es sencillo que por ejemplo la sociedad tome en serio las reivindicaciones de Hispania Nostra mientras cada día hay personas que literalmente luchan por sus vidas. Pero es necesario que continuemos aún en el peor de los escenarios posibles.

En los conflictos bélicos ya apareció este paradigma. Tenemos el caso de lo que sucedió durante la Guerra Civil con el Museo del Prado, todas sus obras de arte tuvieron que trasladarse a varias ciudades para evitar que fueran destruidas por las bombas. Antonio Mercero estrenó en 1998 una película que trataba precisamente ese tema, La Hora de los Valientes. Fue protagonizada por Gabino Diego, cuyo personaje descubre un autorretrato de Goya abandonado en el propio museo durante la evacuación ya citada. La cinta nos narra sus peripecias y sufrimientos mientras trata de mantener a salvo el cuadro a toda costa, aunque tenga que poner en peligro su vida y, por extensión, la de sus seres queridos.

Es cierto que la obra simpatiza claramente con uno de los dos lados del conflicto, pero eso no nos interesa. Lo que nosotros debemos extraer en esa defensa desinteresada del Patrimonio en medio de un mundo que sin lugar a dudas es mucho peor que el que nos ha establecido el Covid-19. Además, el protagonista de la película no recibe mérito alguno por salvar el cuadro, su hazaña solo queda en el recuerdo de sus allegados, lo que deja en el espectador un sabor agridulce. Si ya de por sí a la sociedad le cuesta defender un elemento de su cultura que no le genera beneficios inmediatos (especialmente económicos), ¿por qué hacerlo en mitad de una pandemia que se lleva por delante vidas y proyectos económicos?

Para Manuel, el personaje de Gabino Diego, el arte era parte de su vida, no en vano en la película es uno de los celadores del museo. Volvemos de nuevo a tocar uno de los aspectos en los que Hispania Nostra más incide: la necesidad de concienciar a la sociedad con su Patrimonio Cultural para que entiendan que también forma parte de sus vidas y que vale la pena realizar sacrificios para garantizar su preservación. Algunos dirán que no es lo mismo realizar sacrificios para mantener a flote tu negocio que para salvar un cuadro o una iglesia. ¿O tal vez sí? ¿Cómo podrían hacer negocio los hosteleros de Toledo o Barcelona sin el Patrimonio Cultural que les rodea? ¿No le tenemos cariño a un objeto cultural, y a veces, más que a ciertas personas (aunque sea políticamente incorrecto reconocer algo así)?

El film de Mercero debe verse al menos una vez, sobre todo si te encuentras en la duda de si vale la pena defender aquello que consideras parte de ti. Hay que ser valientes en épocas de crisis como la actual.

FUENTE IMAGEN: abc.es