¿Hasta qué punto es moral lucrarnos con el patrimonio de todos?

Hace unos días me apareció en redes sociales un anuncio de joyería: el joyero artesano Fernando Gallego. Teniendo en cuenta que estábamos en época navideña aproveché para entrar en la página web y buscar algún que otro regalo. ¿Con qué diréis que me encontré en la joyería online? Con algo que no me esperaba y que llamó completamente mi atención: con monedas romanas, con amuletos egipcios y con flechas persas convertidos en pulseras, en colgantes y en anillos. ¿Tiene sentido? Estas piezas arqueológicas (ahora transformadas) siempre iban acompañadas de certificados de autenticidad, demostrando así a los clientes que la legalidad está por encima de todo. Al fin y al cabo, es lo mismo que hacen los anticuarios con este tipo de piezas ¿no?: comerciar con nuestro patrimonio. Porque si el patrimonio es de toda la sociedad y es legal venderlo, a mí se me viene la siguiente pregunta a la cabeza ¿es moral lucrarse con él? ¿O, por el contrario, podríamos decir que estamos ante nuestro derecho como ciudadanos de uso y disfrute del patrimonio?

No ha sido hasta hace unos años cuando todo el expolio arqueológico ha empezado a estar más o menos controlado por la ley. Si en el año 2019 sales a correr y te encuentras, por ejemplo, con 600kg de monedas romanas (como se encontraron en Sevilla en el año 2016, aunque en medio de unas obras), tienes la obligación de avisar inmediatamente a Cultura indicando qué has encontrado, cuándo y dónde. Porque si no lo haces ¡atente a las consecuencias!. Te expones a una multa de hasta 150.000 euros y ¡si has dañado las piezas, de hasta 600.000!. Claro que hace años (cuando no había conciencia sobre el patrimonio arqueológico) era lícito sentirse Indiana Jones llevándote todo lo que te pudieras encontrar. Si estas “joyas” pasan todos los controles, quiere decir que entonces fueron robadas de su verdadero contexto en cierto momento en el que la ley no las protegía.

Tal vez debamos educar, no en la obligación de cuidar nuestro patrimonio (como por fin nos obliga la ley), si no en la sensibilidad de cuidarlo y protegerlo como herencia de nuestro pasado, por ejemplo, no lucrándonos de estos bienes, aunque sea en forma de joyas que podamos regalar en época navideña.

 

Fotografía: Limpieza de una moneda del Museo Arqueológico Nacional. Fuente

Fotografía principal: Pulsera de oro con moneda romana. Fuente