Iberia sumergida: el drama de los pueblos inundados

Ya sea por causas naturales o por acción directa del hombre, se hace evidente el elevado número de pueblos sumergidos en la España actual. Se tiene constancia de unos 500 pueblos hundidos, de los cuales la mayoría contaba con muestras de patrimonio artístico y, cómo no, histórico que, o bien se han olvidado bajo pantanos y embalses, o se han echado a perder tras numerosos años en contacto directo con el agua. Sea como fuere, algo es innegable: un porcentaje del patrimonio español hace aguas por todas partes.

Se han llevado a cabo diversos planes para la catalogación y la posterior recuperación del patrimonio, que va desde ruinas romanas hasta villas medievales. Uno de los casos más recientes es el plan que desarrolla actualmente la Consejería de Cultura en el entorno extremeño, catalogando cientos de lugares a lo largo de las cuencas del Tajo y Guadiana. Sin embargo, no se sabe hasta qué punto este patrimonio ha podido resultar dañado de manera permanente por la erosión del agua. Por suerte, no todos los casos han tenido el mismo destino. Algunas localidades trabajaron en el traslado de ciertas estructuras de manera previa a la construcción del embalse. Tal es el caso de Portomarín, en Lugo, que realizó el traslado de la iglesia de San Nicolás piedra a piedra al emplazamiento que ocupa hoy en día o el antiguo puente de Mansilla de la Sierra, en La Rioja, con el que se hizo el mismo proceso.

Ahora bien, si se elabora la pregunta de sobre quién recae la responsabilidad por la pérdida o el deterioro de este patrimonio, uno no puede olvidarse del hecho de que la mayoría de los pantanos y embalses que inundan estos lugares fueron levantados en época franquista. En palabras de Javier Rivera, subdirector del Instituto de Patrimonio Cultural, «es cierto que ha habido mucha dejadez. Pero es que cuando se construyeron los pantanos en los años 60 no había ninguna conciencia sobre el patrimonio, eso es algo reciente». Con este argumento, se abren dos líneas de debate: la primera radica en la excusa de las circunstancias en las que se construyeron los embalses y pantanos, ya que, teniendo en cuenta que la última inundación ocurrió en 1992 –en Aceredo, Ourense, en un momento bastante lejano a los tiempos de la dictadura– o la muchísimo más reciente destrucción del puente de Tournai en Bélgica –aunque dicha catástrofe no sucediera en suelo español–, ésta se desmorona.

El segundo debate llega tras el reciente interés que despierta el patrimonio en ciertas zonas de la península y es que, desmintiendo las palabras de numerosos alcaldes de la Transición, las piedras sí dan de comer. La pregunta estaría en si esas piedras interesan por sí mismas o por los beneficios que conlleva su conservación.

Referencias:

CANTERO, R, “El ingente patrimonio que se oculta bajo los embalses” [en línea] [consultado: 10-12-2019], https://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/extremadura/ingente-patrimoniooculta-embalses_1193953.html

SANTOS, N, “Lo que el embalse se llevó: pueblos españoles sumergidos” [en línea] [consultado: 10-12-2019], https://www.traveler.es/naturaleza/articulos/lo-que-el-embalse-se-llevo-pueblosespanoles-sumergidos-bajo-el-agua/6189

Imágenes:

http://4.bp.blogspot.com/-oXWH7Lh0clE/U_j5MrlI95I/AAAAAAAALwc/JLcXqBzLv2I/s1600/ MEDIANO.jpg (derecha), autor desconocido.

https://an.wikipedia.org/wiki/Imachen:205.Mediano_torre.jpg (izquierda), Juan R. Lascorz.