Impresión 3D para nuestro patrimonio

La tecnología puede prestarnos un valioso servicio. En los últimos años han surgido varias iniciativas interesantes que nos ayudan en nuestra complicada labor. En esta entrada comentaremos una de ellas.

La impresión 3D está en auge y es imparable, a pesar de que el invento en sí nació en los años ochenta del siglo pasado. ¿Qué beneficios nos aporta en el terreno del Patrimonio Cultural? Con esta tecnología se pueden reproducir piezas arqueológicas, artísticas, etc. De cualquier tipología que se nos ocurra. Así se pueden estudiar, manosear o incluso romper sin miedo alguno a dañar o alterar el original, como tampoco es necesario que dicha obra viaje por medio mundo para poder tenerla ante nosotros. Y también puede servir para simplemente tener en nuestra casa la reproducción de una pieza arqueológica, lo que propone por ejemplo el joven historiador Néstor F. Márques, cuya página web es Patrimonio Virtual y Divulgación Científica.

Por supuesto, no todo son maravillas. Puede generarse un debate en torno a si es útil para cualquier estudio que un historiador o un restaurador deseen hacer. Por ejemplo, no puede analizarse el material, con lo que no podemos descubrir (o reafirmar) la datación de la pieza, ni elaborar hipótesis sobre cómo consiguieron el material para la obra ni quién puso los medios para ese fin. También se puede llegar a conclusiones erróneas si la copia en 3D es defectuosa en lo que sea, generalmente si sus medidas no son exactas al original. Es cierto que la mayoría de los investigadores son profesionales y nunca plantearían teorías sin tener todos los pilares en buen estado, pero en la vida nos encontramos todo tipo de perfiles.

En definitiva, no hay que dejarse impresionar por el avance que la impresión 3D supone. Hay que tratarla como lo que es: una herramienta que nos ayudará a perfeccionar nuestros estudios en el patrimonio, pero con limitaciones que no debemos perder de vista. Por establecer una analogía, es como el VAR en el fútbol: todos pensaban que solucionaría los problemas de arbitraje en ese deporte, hasta que se demostró lo contrario. El árbitro sigue siendo la piedra angular en el fútbol. Y lo mismo sucede con los historiadores, restauradores, etc, en sus respectivos campos de acción.

FUENTE IMAGEN: Biorreprografía