Jaque mate al reino visigodo: La Vega Baja de Toledo, una pisada al pasado, un menosprecio al futuro

Tras expulsar a vándalos y alanos de la Península Ibérica, los visigodos, germinadores de la primera España, forjaron un poderoso reino basado en la primera unidad política e igualdad jurídica de todos sus habitantes, manteniendo viva la llama del esplendor desde el siglo V hasta principios del VIII. Así es como Toledo, bastión histórico por su célebre posición geográfica, pasó a convertirse en la urbs regia de aquel reino que bebía directamente del Imperio romano de Oriente. Sobre los terrenos actualmente conocidos como “Vega Baja” de Toledo, y por orden del monarca visigodo Leovigildo, se asentó una ciudad que pretendió ser un reflejo de la poderosa Constantinopla; así lo han atestiguado las excavaciones arqueológicas realizadas al demostrar como el pletórico Toledo visigodo, en un momento en el que el fenómeno urbano en Europa se replegó, se transformó en el segundo núcleo urbano, tras el bizantino, más importante del Mediterráneo. Prueba de ello es la materialización de un paisaje con un valor histórico y arqueológico único compuesto por un complejo palatino compuesto por basílicas como la de Santa Leocadia o la de San Pedro y San Pablo, así como un área palacial y diversos edificios administrativos. Sin duda, un océano para la arqueología que, desgraciadamente, lleva siendo víctima del fantasma urbanístico desde 2006.

Dudar de la importancia arqueológica de “Vega Baja” constituye un acto que sólo puede estar respaldado por la ignorancia, que, como bien sabemos, es muy atrevida.  La escasez de fuentes escritas sobre el periodo visigodo ha dado lugar a que su historiografía se haya realizado principalmente a base de crónicas medievales, que, en más de una ocasión, al mezclarse con narraciones fantásticas orientales y con la novela de caballería, han construido, tal y como defiende Carlos Mas González (2010), una imagen fantasiosa sobre dicho pueblo; motivo por el cual, la arqueología es la única vía para la obtención de información plenamente objetiva; donde un yacimiento arqueológico de esta tipología constituye una exclusiva cantera para la investigación histórica y arqueológica de la cultura visigoda.

Sin embargo, lo que parecía en 2006 ser un sueño al alcance de la mano se convirtió en una interminable pesadilla que escupía de la forma más vil nuestro pasado. Aquello que podría haber convertido a Toledo en una ciudad pionera en estudios visigodos, dando a su vez un empujoncito a su pequeña Facultad de Humanidades, resultó ser una mera utopía, pues el continuo despedazamiento que ha sufrido el yacimiento por parte de los distintos gobiernos municipales y de la Junta de Castilla-La Mancha, ha llegado a un punto en el que la situación se ha hecho insostenible (Fig. 1). A la construcción de la Consejería de Obras Públicas, así como la ampliación del barrio de Santa Teresa y la reciente senda ecológica, cuyo vallado, tal y como dice el dicho castellano, “ha costado más el collar /la valla que el galgo”, se le suma la reciente y “brillante” decisión de edificar una serie de dependencias para la Guardia Civil, por parte del Ayuntamiento de Toledo y de la Junta de Castilla-La Mancha en una de las parcelas del yacimiento, poniendo en peligro como no podía ser de otra manera los restos arqueológicos; como si no hubiera otros terrenos en el municipio para acoger a la Benemérita. Como arqueólogo, no puedo más que manifestar una actitud de repulsa ante unos actos que pueden ser fácilmente tachados de terrorismo cultural.

 

Fig. 1 Tras la realización de la senda ecológica en 2019, parte de los restos arqueológicos han quedado situados fuera del vallado del yacimiento, permitiendo con ello su acceso libre y exposición a su alteración, destrucción y saqueo.

 

 

 

 

Teniendo en cuenta que según el artículo 46 de nuestra Constitución y la Ley 4/2013 de Patrimonio Cultural de Castilla-La Mancha se debe apostar por la conservación, protección y enriquecimiento del mismo para su difusión y disfrute, es incomprensible que lo que en su día fue una de las urbes más emblemáticas del Mediterráneo se haya convertido en un descampado amordazado por la vegetación y cubierto por el velo del abandono, donde las diversas instituciones políticas han sentenciado al yacimiento a una progresiva degradación urbana de cemento y ladrillo (Fig. 2). Ante una situación de continua irregularidad que puede poner en peligro la declaración de Toledo como “Ciudad Patrimonio de la Humanidad”, se han abierto diligencias por instituciones como la Fiscalía de Medio Ambiente; así como numerosas entidades, plataformas y asociaciones culturales, entre las que destacan la “Real Academia de Bellas Artes de San Fernando”, “Icomos” o “Toledo, Sociedad,  Patrimonio y Cultura”, han denunciado la persistente e indiscriminada alteración, destrucción y saqueo de los restos arqueológicos, habiendo instado hace escasas semanas al Ministerio de Cultura y la UNESCO a que exija tanto al Ayuntamiento como a la Junta a adoptar medidas urgentes de conservación y protección del enclave arqueológico.

 

 

Fig. 2 Sátira de la actitud política del Ayuntamiento de Toledo (©Versionator)

 

 

 

 

El oportunismo político lo único que ha hecho hasta el momento en Vega Baja es aplastar un patrimonio único para Toledo y para la Historia de España. Un patrimonio del que querría disfrutar cualquier otra ciudad; por ello, debemos ser conscientes de que cuando los que hoy nos dirigen desaparezcan del plano dejarán detrás una ciudad sin identidad y un mercado de intereses políticos infame. Debemos hacer ver a quienes nos gobiernan que el desarrollo de la ciudad y la historia son perfectamente compatibles, pues, tal y como defiende la presidenta de Hispania Nostra, Araceli Pereda, en el artículo de González Olaya (2020), las ciudades no pueden crecer sin su historia, ya que es imposible que alcancen un futuro sin tener en cuenta su pasado. O ¿acaso ciudades como Mérida o Cartagena no han conseguido hacer de la arqueología su principal motor de desarrollo local y dinamización económica? Toledo no puede edificar sobre sus esplendorosas huellas visigodas, pues estas pueden hacer de la ciudad un modelo de integración entre valores culturales y naturales y el desarrollo económico de su medio urbano. Afortunadamente no todo está perdido, actos como la colocación de carteles sobre el vallado del yacimiento el pasado 12 de febrero, así como la intensa movilización en redes sociales por parte de la ciudadanía en contra de la construcción del cuartel de la Guardia Civil reflejan la enorme preocupación social de la ciudadanía sobre el futuro de este emblemático yacimiento. Somos toledanos, hijos de los valientes comuneros de Castilla, fuertes como el acero y si algo está claro es que, quienes luchamos por la puesta en valor de Vega Baja combatiremos, si es necesario, con el mismísimo Goliat para conseguir devolver la luz a uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Europa. Hasta entonces, solo me queda decir con cierta resignación: ¡resiste Leovigildo, aguanta Vega Baja!

Referencias bibliográficas

González Olaya, V. (7 febrero, 2020). Araceli Pereda: “Apenas tenemos denuncias en Cataluña sobre su patrimonio en peligro”. El País. Recuperado de https://elpais.com/cultura/2020/01/28/actualidad/1580226761_491944.html

Mas González, C. (2010). Una urbe legendaria. En El territorio de Vega Baja (pp.10-11). Toledo: Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha