La Legión felina reconquista, lentamente, Hispania.

Raros tiempos estos, de incertidumbres muchas, y avistamientos varios de lo más sospechoso. El cocodrilo del Pisuerga, la pantera de Granada, las orcas asesinas de Estaca de Bares, eso es un cambio climático a lo grande, una verdadera revolución a la inversa. El río castellano convertido en manglar venezolano, los olivares granadinos en jungla virgen centroamericana, la costa gallega en los rugientes cuarenta. Fuera bromas, estos rarísimos sucesos (una pantera no es un gato grande pintado de negro, y un cocodrilo no parece un lucio con escamas prehistóricas) se completaron la semana pasada con un hallazgo revelador, por fin, de buenas noticias ecológicas en nuestra patria natural y sentimental que es España. Un lince auténtico apareció en la mitad de un pueblo, Rociana del Condado, provincia de Huelva. Que los aldeanos improvisaran un captura callejera del felino ad hoc, como si fuera la de un cerdo untado en aceite en las fiestas populares de nuestra infancia, pero con la verdadera conciencia adquirida de no hacerle daño al animalito y entregárselo al SEPRONA, dice tanto de nuestro cambio de costumbres, que en Hispania Nostra casi se nos saltan las lágrimas. El felino fue por fin atrapado, sedado y enviado al Centro de Recuperación de Especies Amenazadas (CREA), paso previo a su reintroducción en Doñana, de dónde se había extraviado. O quizás no. Abrimos el interrogante porque la presencia del felino en el pueblo no hace sino constatar la progresiva mejoría de la población de lince ibérico o lynx pardinus. Cierto es que cada año siguen produciéndose muertes evitables por atropellamientos y furtivismo. Que deberían construirse pasos en los puntos negros de las carreteras y perseguir con dureza el furtivismo. Pero los que hemos recorrido esos treinta kilómetros de línea recta de carretera entre Mazagón y Matalascañas somos conscientes de que evitar el 100% de esos accidentes es casi imposible. Las buenas noticias quedan resumidas así: en 2002 había 100 ejemplares de lince ibérico, que era entonces el felino más amenazado del planeta. Hoy, gracias a los programas de conservación (que incluyen chips de seguimiento, cámaras trampas, campañas de concienciación, etc) se ha pasado del semáforo rojo (Peligro crítico de extinción) al naranja (Peligro de extinción a secas), con una población de 800 ejemplares en toda la península, y no sólo en Doñana, sino también en Sierra Morena, Montes de Toledo y Valle del Guadiana. Hay mucho que hacer, está claro, pero las cosas se han hecho y se hacen muy bien desde aquel crítico 2002. Patrimonio de todos es el lince, gato grande con borla negra al final del rabo, pincel de pelos negros en las orejas y patillas. Más chulo que un ocho, es el legionario de los felinos. Depredador principal de los conejos, (los fenicios llamaron a esto Hispania, tierra de conejos, porque los había por todas partes) nuestro pequeño legionario sigiloso los caza como ninguno. Como dice el alcalde de Rociana, “es gratificante ver pasear un lince por el pueblo y darnos cuenta de que es la naturaleza la que manda”. Ojalá mandara mucho más. Faltan todavía muchísimos legionarios sigilosos por toda nuestra geografía. 

El lince ibérico está en la Lista Roja desde el 2 de diciembre de 2007. ¿Cuándo engrosará la Lista Verde?

Foto de la derecha: www.lynxexsitu.es”

Fuente de la izquierda: Programa Life + Iberlince

 

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