¿Lavapiés debe ser castizo o multicultural? ¿Podemos controlar el Patrimonio Inmaterial?

Comienzo el 2019 con una reflexión sobre la situación actual del barrio madrileño de Lavapiés. Antiguamente fue uno de los pilares de la tradición castiza, pero desde los años noventa del siglo XX los inmigrantes cambiaron el panorama. Ahora, a pesar de lo que desearían algunas personas, es muy complicado dar marcha atrás.

En apenas unas calles y una plaza, Lavapiés concentra un rico mosaico de culturas internacionales, sobre todo procedentes de África, Latinoamérica y Asia. El barrio se ha convertido en un referente de las tradiciones y costumbres de muchos rincones del planeta, además de una plataforma donde la cultura alternativa puede expresarse, especialmente en lugares como Tabacalera y La Casa Encendida. Así es el Patrimonio Inmaterial de Lavapiés, que considero más importante que su legado material (representado principalmente por Las Escuelas Pías de San Fernando, La Corrala y Tabacalera).

Lógicamente, esto supone el desplazamiento de la cultura castiza a un segundo plano, en el mejor de los casos. Existen personas que luchan por mantener esa tradición: por ejemplo, en un artículo de El Confidencial en el 2017, entrevistaron a dos costureras que aún confeccionan artesanalmente trajes de chulapos y chulapas. Se quejaban de la desigualdad en la competencia con otros negocios, especialmente las tiendas chinas, y de la pasividad de Madrid por proteger sus tradiciones, como el baile del chotis. ¿Pero se trata de pasividad? ¿Al Ayuntamiento le da igual? ¿Los chinos son parte del “problema”? En otras palabras, ¿cómo controlas la evolución natural de una gran ciudad y su relevo generacional? Lo mismo sucede con el Patrimonio Inmaterial; se trata de algo que crea la sociedad, y también es la sociedad la que decide si una costumbre muere o no. Ni las instituciones públicas, ni los académicos ni las empresas privadas tienen voz en ese proceso. Aunque lo intentan.

No tiene sentido defender solamente lo castizo en Lavapiés. Además, a muchas personas no les interesa el mundo castizo, a pesar de los esfuerzos de ciertas asociaciones y del Ayuntamiento de Madrid. En lugar de eso, deberíamos proteger cada una de las tradiciones que están presentes en el barrio, aunque no sea fácil encontrar un equilibrio entre los distintos colectivos. Una iniciativa adecuada de Educación Patrimonial podría permitir la convivencia entre todas las mentalidades de Lavapiés. No es descabellado, porque precisamente la gran característica del barrio es su multiculturalidad. Hay poderes que intentan acabar con eso: los medios de comunicación han exagerado los problemas que tiene el barrio, cada trimestre algún residente debe abandonar su vivienda porque no puede pagar el elevadísimo alquiler (fenómeno que ya ocurre en casi todo Madrid, por cierto), etc. Y a pesar de todo, la identidad de Lavapiés se mantiene, sobre todo gracias a la labor de sus numerosas asociaciones.

En definitiva, hay que aceptar que Lavapiés nunca volverá a ser completamente castizo, ni una zona exclusiva para “nuevos ricos”. El barrio siempre será un mosaico. Siempre será para sus habitantes.

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FUENTE IMAGEN PRINCIPAL: Wikipedia (autoría de r2hox)

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