LEGO en Cuatro Caminos

Queda poco para que sean demolidas. Habría que darse prisa para visitarlas, pero siguen en uso y no están abiertas al público. Entonces, si no se pueden visitar, ¿qué me puede importar a mí, españolito que viene al mundo, su supervivencia? Es aquí donde deberíamos pontificar sobre el valor del patrimonio, de lo que nos pertenece a todos, de lo que nos hace madrileños, españoles e incluso europeos. Pero no serviría de gran cosa. Los que leen estas líneas no necesitan convencerse de nada, y la muchedumbre que desconoce el valor de las Cocheras de Cuatro Caminos, no creemos que vaya a movilizarse en la defensa del patrimonio industrial, siempre uno de los más amenazados. Al hilo de esto, recuerdo una vez hace muchos años en Alcalá de Henares que un ciclista BMX se puso a hacer acrobacias sobre el podio de la estatua de Cervantes de la Plaza Mayor. Los abuelos que había por allí tardaron nada y menos en amonestarlo y echarle de allí. La estatua era suya, o al menos, así lo sentían. Las Cocheras son de todos, o así deberían seguir siendo. ¡Bien que se celebró a bombo y platillo el Centenario de la primera línea de Metro de Madrid el año pasado! Sin embargo, estas Cocheras, que son igualmente centenarias, no están consideradas BIC (Bien de Interés Cultural) según sentencia del TSJM (Tribunal Superior de Justicia de Madrid).

Nos adentramos en los pantanosos terrenos de la justicia que es quien decide, a fin de cuentas, sobre el valor o no, de las Cocheras. Los terrenos se vendieron en 2014 a una cooperativa para levantar cuatrocientos y pico viviendas, desde humildes hasta de lujo, por un pastón, 80 millones de euros. Los cooperativistas no contaron con los recursos impuestos por la Asociación Madrid Ciudadanía y Patrimonio. El último de ellos fue tumbado por el tribunal mentado que cita un informe de la Real Academia de Bellas Artes conforme dichas instalaciones no presentan motivo arquitectónico ni estructural (…) alguno para su conservación”). Sorprende la consideración negativa de la Academia sobre las Cocheras metropolitanas más antiguas del país, condición que, per se, debería nutrirlas de todo el valor arquitectónico, del que, según algunos, adolecen. Pero ni siquiera en la autoría de las mismas se ponen de acuerdo las partes interesadas. Para unos Antonio Palacios, el ínclito arquitecto del Madrid del primer tercio del XX, para otros, ni de lejos. Lo seguro es que las Cocheras conservan una original cubierta en dientes de sierra, poco visto en este tipo de instalaciones y que puede apreciarse desde las calles aledañas, y la boca de entrada de los trenes con sus dovelas almohadilladas. Al mismo tiempo que proliferaban edificios de fachada historicista con sus atlantes y órdenes completos neoclásicos, las Cocheras daban una lección de arquitectura de hierro de vanguardia. Desde aquí comprendemos a las cuatrocientas familias que ven sus viviendas paralizadas en un limbo jurídico que absorbe sus ahorros, pero también el deseo de unos pocos por preservar un legado valioso y único que podría tener infinidad de usos maravillosos. ¿Mantener la originalidad de una cubierta que recuerda a la bella simplicidad de LEGO o satisfacer la necesidad de vivienda en un codiciado solar de Madrid? Historia versus realidad. ¡Es la pasta, estúpido! 

 

Las Cocheras de Cuatro Caminos están en la Lista Roja desde el 12 de mayo de 2015. ¿Cuándo pasarán a la Lista Verde?

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