Los palomares de Tierra de Campos: nuestra seña de identidad

Hace tiempo me dijeron que “hay que ser terracampino para llegar a amar de verdad este paisaje”.  Seguramente sea así, pues no tenemos montañas, ni apenas ríos ni verde que puedan llegar a impresionar al forastero. El paisaje de esta zona de la península, que se extiende por parte de las provincias de Palencia, Valladolid, León y Zamora, es simplemente una línea (a veces ligeramente ondulada) que nos permite ver a muchos kilómetros de distancia.

En cambio, por toda esta región natural van apareciendo pequeños hitos en el paisaje, una verdadera arquitectura popular, construida por y para nosotros: los palomares. Como no podía ser de otra manera, al igual que nuestro paisaje nuestra arquitectura se caracteriza por la sobriedad y la sencillez de los materiales: la tierra. Y es que son muchas las ventajas que nos ofrece: no contamina, es totalmente reciclable, se obtiene de forma casi gratuita, sus propiedades térmicas y acústicas son excelentes…

Como buen referente de arquitectura sin arquitectos, no existen límites en la imaginación popular para crear estos palomares: los encontramos circulares, cuadrados, rectangulares, poligonales, con o sin patio… Su finalidad es criar pichones, permitiendo tanto completar la alimentación (de ahí que el pichón sea el plato típico de la región) como extraer palomina, uno de los mejores abonos para los campos de cultivo del territorio.

Al estar construido con la tierra más cercana a ellos, los colores de estas construcciones y su paisaje más inmediato son idénticos. Sin embargo, esta sencilla forma de construir cuenta con un grandísimo inconveniente: requiere una labor constante de conservación. Una vez que se abandonan y que el barro comienza a desmoronarse, el palomar se funde con esta tierra que lo originó, apareciendo como verdaderos tumultos sobre el paisaje.

Imágenes: Palomares de Villafáfila (Zamora), realizadas por Beatriz Barrio en Mayo del 2019.