Más tinieblas que luces sobre los riscos de Torrelodones

¿Quién no se ha fijado alguna vez en ese caserón que domina sombrío la carretera de La Coruña a la salida de Madrid? Encaramado a un risco, su figura extraña y extemporánea, no es la de la característica fortaleza castellana, sino un rara avis en el paisaje granítico de la sierra madrileña.

Es la casa de la bruja en la imaginación de los niños que preguntan a sus padres al volante, ¿qué es eso de ahí, papi? Y hay algo de cierto en ello. Recortada sobre las peñas que dominan Torrelodones, el palacio del Canto del Pico recuerda a la famosa pintura de Edward Hopper, que a su vez inspirará la mansión de Psicosis de Alfred Hitchcock.

El palacio, más bien un caserón de estilo ecléctico y lejano aire a pazo gallego, cumplirá cien años en 2022, los últimos treinta en estado de casi absoluto abandono. Sólo un reciente incendio obligó a sus actuales propietarios, interesados en transformarlo en hotel, a realizar alguna reforma para apuntalar la techumbre. Más allá de eso, el edificio, bastante rico en historia del siglo XX, ha sido víctima del despiadado expolio de su buena colección de azulejos, bajorrelieves, rejerías y colecciones particulares. Sin ir más lejos, recuerdo haber visto de niño una fotografía dedicada de Hermann Göring, el jefe de la Luftwaffe, en el botín particular de uno de aquellos chavales que hacían incursiones en la misteriosa casona allá por los años ochenta. No es de extrañar, pensándolo ahora, pues el palacio había sido residencia oficial de Francisco Franco desde acabada la Guerra Civil, y el gerifalte nazi había sido un as de la aviación durante la I Guerra Mundial. Al primero, que despreciaba al propio Hitler por su escasa experiencia de combate real, no le importó poner en su despacho la fotografía del segundo, envuelto en uno de sus espectaculares uniformes blancos que el mismo diseñaba, dedicada a su persona.

Regalado a Franco al finalizar la guerra por su primer propietario, José María del Palacio y Abárzuza, Conde de las Almenas, el victorioso dictador se retiraba allí a pasar momentos de asueto, cuentan que para prevenir posibles atentados. El palacio contaba y sigue contando con una amplia finca rústica y jardines desde donde se contemplan en un día claro hasta más de treinta pueblos de la comunidad de Madrid. Ideal para saborear el aroma de la victoria. No cuesta demasiado imaginarse a Franco paseando por las estancias repletas de arte español de todas las épocas, en lo que había sido originalmente una casa museo, con su capilla neogótica, sus artesonados mudéjares y rejerías de cuando no se ponía el sol en nuestro imperio. Mejor aún, sabedor de que desde aquel altozano, el general Miaja había dirigido al ejército republicano en la decisiva batalla de Brunete sólo algunos años antes. El lugar, que fue residencia frecuente de veraneo de toda la familia Franco, había sido construido entre 1920 y 1922 en una extravagante arquitectura ecléctica, emblemática por su propia rareza. De líneas neogóticas, neorrenacentistas e incluso modernistas, hoy es renovada víctima del vandalismo y lugar de botellón. Insignificantes grafitis recorren las paredes entre galerías de arcos rebajados, arcos de medio punto, miradores y gárgolas que tienen los días contados si nadie pone remedio al definitivo declive.

Las puestas de sol, eso sí, velazqueñas, siguen siendo esplendorosas.

La Casa-Palacio del Canto del Pico está en la Lista Roja del Patrimonio desde el 28 de enero de 2008. ¿Cuándo pasará a la Lista Verde del Patrimonio?

Foto izquierda: esetena en Wikipedia – Own work, CC BY-SA 3.0, Link

Foto derecha: Manuel Escalera.

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