El Monasterio de Santa María de Valdeiglesias

Ganador de la II edición de “Con el concurso de todos”

Imagen: Hugo García Garcimartín

Texto: Hugo García Garcimartín

Mayo de 1980. El profesor de Historia llegó a clase con una fotografía del privilegio fundacional del monasterio de Santa María de Valdeiglesias. Unas letras alargadas, en latín, y un dibujo en la parte inferior decían que Alfonso VII donaba al abad Guillermo el Valle de las Iglesias. Al día siguiente fuimos a Pelayos de la Presa para ver el monasterio en ruinas. Mantenía en pie los ábsides, los arcos del claustro y algunas bóvedas. No recuerdo mucho más.

Siguiendo al corazón, más que a la cabeza, estudié Historia. Seguí buscando las intimidades del monasterio en el Archivo Histórico Nacional y en el Tumbo del siglo XVII, que guarda la Biblioteca de la Real Academia de la Historia. A veces, volvía a visitar el monasterio o me colaba, como los amores furtivos. Se había caído alguna bóveda, se agrietaban los muros, habían sujetado arcos y muros.

Durante los años 90 el noviazgo fue más allá. La actividad de investigación sobre el monasterio de Valdeiglesias se multiplicó. Me atraía cada vez más: su origen, los enfrentamientos con su villa de San Martín, las relaciones con don Álvaro de Luna, el esplendor del siglo XVI, su decadencia, la desamortización y, de nuevo, su origen. Siempre me volvía la imagen del privilegio fundacional.

El documento se guardaba en Nueva York, en la Biblioteca de la Hispanic Society of America. Su fundador, Archer Milton Huntington, lo adquirió en España, no se sabe cuándo ni de qué manera. Según el Tumbo del monasterio, el documento original se quemó en un incendio en 1258: “En cuyo tiempo suscedió a este monasterio una gran desgracia y fue que se quemó todo, y los papeles y previlegios que había en el archivo (…). Y por esto, este monasterio careció de él hasta que se supo estaba el original en el archivo de la Santa Yglesia de la Ciudad de Ávila…”.

Junio de 2017. A raíz de la exposición realizada por el Museo del Prado con obras de la Hispanic Society of America, me he puesto mis mejores galas, he repasado de nuevo el contenido del documento y he ido al Museo. No sé si es la ilusión de conocer de cerca a aquel primer amor o la melancolía del cincuentón. Mañana volveré al monasterio.

Hugo García Garcimartín