No hay caudal para Gijón en Zamora

Cuando veo imágenes de las aceñas de Gijón sueño con vivir en una capital de provincia. Si uno es corredor, se calza las zapatillas y en menos de 10 minutos está sentado sobre un puente medieval abandonado, refrescándose los pies en las heladas aguas del Duero. No se me ocurre idea mejor para desconectar del bullicio y los problemas cotidianos que escaparse a tierra de nadie para mirar el río bajar y, en soledad, recordar el aforismo Πάντα ῥεῖ, todo fluye. Raro no haberlo encontrado aún tatuado en brazo ajeno. Por aforismo entiende la RAE “sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia o arte”. A lo que yo añadiría: así como en la vida.

Este lugar, como el lector ya habrá observado, invita a filosofar o dar rienda suelta a nuestra vena flemática, en estos tiempos de incertidumbre por el malhadado virus monárquico. El conjunto, que se halla en Zamora, y no en Asturias, comprende varias aceñas de sillería y un puente medieval en desuso. El nombre de aceña, de origen árabe as-saniya, la que eleva el agua, da fe de la remota historia de estos ingenios hidráulicos que algunos sitúan en el siglo X. Su diferencia con un vulgar molino es que aquellas trabajaban con ríos de gran caudal. Debieron de ser los moros los primeros en aplicar la fuerza motriz del poderoso río castellano para moler la harina. Que en una hora no se ganó Zamora, nos recuerda que las primeras oleadas de fieles de Alá llegaron hasta aquí y mucho más al norte, aunque tuvieran inequívocas preferencias por el sur, con sus vegas, sus vergeles y su clima más benigno. Que no es lo mismo la ribera del Guadalquivir para instaurar una capital de emirato, Córdoba, que las gélidas y neblinosos márgenes del río castellano. Volviendo a la realidad actual de las aceñas del pago de Gijón, diremos que son las únicas de la ciudad que no han sido restauradas todavía. Las de Pinillos son restaurante, las de Cabañales, museo, hoy cerrado, y las de Olivares, centro de Interpretación de las Industrias Tradicionales del Agua. A un kilómetro río abajo de estas últimas, de pomposo nuevo uso, las de Gijón languidecen a la espera de colapsar un buen día de aguas altas. Vistas con ojos de niño, las aceñas parecen casitas de piedra construidas sobre el lecho del río, (las que están en pie, claro), encantadoras en su ubicación inmejorable para ver correr las aguas del primer río de Castilla la Vieja. Las nuestras esperan un lejano y complejo acuerdo entre propietarios, Confederación Hidrográfica del Duero y consistorio, que ha destinado 3.000 eurillos al proyecto “Recuperación de las aceñas de Gijón” en los presupuestos del 2020. La cosa, a todas luces, va sobre caudales.

Las aceñas de Gijón están en la Lista Roja desde el 19 de junio de 2019. ¿Cuándo engrosará la Lista Verde?

Foto de la izquierda: Pedro Cobo

Foto de la derecha: Manuel Jimeno Abad – Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=86173094

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