Patrimonio conservero en Calahorra: la fábrica de conservas Galo Adán e Hijos

Este es un artículo de Esther Arnaiz Garcíaalumna de la Universidad de Burgos, tutorizada por el profesor David Peterson.

 

Construida e inaugurada en el año 1920, en un peculiar estilo ecléctico, la fábrica de conservas Galo Adán es uno de los últimos testimonios de la actividad fundamental para la ciudad de Calahorra desde mediados del siglo XIX: la industria conservera. A pesar de su excepcionalidad por ser unos de los pocos edificios industriales de este sector que quedan, se encuentra en peligro por el abandono, la ruina y las intenciones de destrucción total por parte del gobierno local, prácticas que son recurrentes con bienes de diverso tipo en la localidad.

La creación de una industria alimentaria supuso una gran transformación para la ciudad, ya que se crearon nuevos oficios para sustentar sus necesidades, desde las conservas hasta el envasado de hojalata. Aunque este desarrollo se dio en toda la región de la Rioja Baja, Calahorra fue su foco principal, de la cual surgieron diversas fábricas como Serrano, Francisco Moreno, y la misma Galo Adán.

También esta actividad repercutió en un impacto artístico y urbanístico fuera del ámbito fabril, especialmente en la Calle Grande, donde se fomentó la construcción de refinados edificios de la burguesía local, como la Casa de los Telégrafos o la Casa de las Cariátides. Incluso se podría hablar de un nuevo sentido identitario de la ciudad, estrechamente relacionado con una producción económica concreta, factor que se sigue dando relevancia hasta la actualidad, pero que en aquel momento se materializó en una “capitalidad simbólica”, convirtiéndose en sede nacional de una unión patronal: la Asociación Conservera Española.

La empresa de estos mismos se convirtió en uno de los mayores contribuyentes de la ciudad durante el primer tercio de siglo, pero su fin llegó en concreto con la Guerra Civil Española (1936-1939), donde el sector, durante y tras el conflicto, se vio inmerso en una constante decadencia. De hecho, de cuarenta y nueve fábricas que existían en 1900 y ochenta y seis empresas existentes en el cénit de esta industria en Calahorra en 1920, sólo quedan cuatro.

El valor patrimonial de este lugar radica en dos tipos de patrimonio principalmente. Por un lado, en el valor como un ejemplo material de patrimonio industrial, siendo un modelo fabril de la época; y, por otro lado, como un elemento inmaterial relacionado con el patrimonio gastronómico, un exponente de una parte de la cultura de esta zona. Son dos tipos de patrimonio que no han sido reivindicados hasta tiempos recientes en contraste con otros tipos más tradicionales.

Además, se relaciona con un nuevo tipo de paisaje en el lugar, enlazando el casco urbano con un marco ambiental hortícola, uniendo la materia prima de la naturaleza y la elaboración del ser humano por medio de la industrialización.

En conclusión, su valor testimonial, de singularidad y autenticidad serían un perfecto aliciente para empezar a considerar al infravalorado patrimonio industrial – y más el alimentario – como integrante del nuevos proyectos culturales y artísticos, no sólo con una incierta reinvención de Galo Adán, sino también como el comienzo del relanzamiento de Calahorra como centro económico y cultural.

 

FUENTES:

 

 

  • San Felipe Adán, María Antonia; Cañas Díez, Sergio: Historia de la industria de conservas vegetales: Calahorra (la Rioja) 1852-2014. Logroño: Instituto de Estudios Riojanos, 2015. Págs. 752.

 

FUENTE IMAGEN: Foto de la fachada de la fábrica de Galo Adán, lado NO. Fuente: Colección propia. 03/11/2019.