Penumbra cultural

Durante este confinamiento, hemos oído a algunos colectivos hablar de apagón cultural. Otros, sus detractores, lo han calificado incluso como rabieta. Se proponían 48 horas con una world, wide web sin arte, sin música, sin cine, sin museos…Lo cierto es que ahora más que nunca, la cultura nos saca a flote en este escenario vírico, y los más triste es que este manto de oscuridad y penumbra nos envuelve desde mucho antes de la aparición de la pandemia.

Tal vez no es momento de apagones, pero sí de evaluar, planificar y proponer ideas de futuro para mejorar y buscar necesidades para un sector convaleciente y con escasez de recursos. Como ejemplo rescato esta reflexión fruto de la observancia en los museos, para que sirva de punto de partida para apostar por dotar de una nueva luz a las instituciones culturales.

Durante un tiempo experimenté permanecer día tras día, sentada durante seis horas en la sala de un Museo. Da tiempo a pensar, leer, estudiar, aburrirse, meditar… pero sobre todo a observar. Y no son sombras y reflejos de los objetos a los que Platón se refería en su caverna. Son objetos reales, de arte, observados – o no-, junto con cientos de viajeros, curiosos o eruditos que deciden invertir su tiempo en cultura. Me llaman la atención sus comportamientos y comentarios, sus extravagancias, sus caras. Me siento, sin saberlo, en una situación privilegiada, desde donde contemplar las actitudes y reacciones del ser humano dentro de una institución museística. Tengo delante de mis ojos ese verdadero diálogo entre el público y el patrimonio cultural.

Siempre he creído que los estudios de público eran la clave para mejorar y evaluar el impacto y la satisfacción del visitante y los museos, pero desde aquí te das cuenta que son sólo cifras, y que una encuesta no plasma lo que realmente ocurre en las entrañas; Me meto en la piel del vigilante de sala, horas y horas de guardia y custodia silenciosa. Tal vez alguien debería replantearse trasformar su actividad y hacer nuevas propuestas. Tal vez los museos darían un paso más en ese camino de ser más sociales y servir a la sociedad.

Antes había observado los museos desde otro sillón, el de un técnico que se preocupa de los bienes culturales, desde la esfera teórica, de su catalogación, protección, investigación, difusión y de todo lo que engloba ese concepto de museo que venimos aprendiendo una y otra vez. Pero sentarse en el escalón de la observancia debería ser tarea de todos. Desde ahí vas viendo pasar el tiempo sí, pero a la vez transcurren un sin fin de historias y personajes que sin quererlo conforman la base real de un museo: el de las personas que lo habitan día a día.

Si tuviera que elegir entre alguno de los comportamientos que he experimentado, sin duda es el del visitante que va al Museo del Greco y se marcha sin ver sus lienzos. O el que planta su mano sobre el delicado lienzo de San Andrés o incluso lo besa¡¡ (claro que la mayoría no cree que el Apostolado sean obras originales del cretense). Cada vez que intuyo un dedo índice sobrevolar un lienzo, mi cuerpo se eleva como un resorte y me pongo realmente nerviosa: ¿es que nadie ha explicado a la gente alguna vez en su vida que las obras de arte no se tocan?. Parece que no…  creíamos que en los museos estaba ya casi todo hecho, y con estos cotidianos ejemplos, me doy cuenta de que falta mucho por hacer. Que la educación en materia de patrimonio está aún a la deriva.

Dentro de este contenedor se aprecian muchos detalles que desde otras perspectivas son inapreciables. Convierten al propio Doménicos en fundador de la ciudad, sobrepasan “La vista y plano” sin ni siquiera levantar la mirada… ¡hasta San Pedro parece estar estratégicamente situado para llorar por esta causa!

Alguno vino buscando a “Saturno devorando a sus hijos”, y otro jura y perjura que en otra visita anterior contempló aquí a “Las Meninas” …el Prado disperso y las mentes también. Extravagantes los que no se quitan las gafas de sol y miran a través de unos cristales espejo, eso sí Ray Ban o Gucci, que en los museos también nos gusta el postureo y sabemos de alta costura y pret- a –porter.

Curioso es que, herencia del historicismo, aún la gente venga buscando el lecho donde durmió el artista, y cuya ausencia hace que la reconstrucción de un estrado femenino y mucha imaginación, se convierta en su camastro perfecto: “sí, sí,…éstas eran las pertenencias del Greco, y esa debe ser su cama” – dicen muchos convencidos.

Respecto al recorrido, un porcentaje muy alto sigue perdiéndose como en el laberinto del Minotauro…salas cerradas por falta de personal, dibujo de una metáfora, tal vez la caída de Ícaro por no tener unas buenas alas para poder volar.

Después del excelentísimo año Greco en 2014, parece mentira que sigan creyendo en esas leyendas y falsos históricos e incluso que algunos guías oficiales (y digo algunos) sigan diciendo en sus discursos frente al Apostolado que el Greco pintaba los dementes del Nuncio o que sus obras carecen de color.

Con estas pequeñas pinceladas de crítica constructiva quiero, no sólo plasmar lo que ven mis ojos, mi intención es hacer una llamada de atención a quien mira desde arriba. El mundo de la cultura no lo ha parado el COVID19, lleva estancado durante varios años; se siguen cometiendo pecados museísticos; se prescinde de personal cualificado y el que llega lo hace a cuenta gotas y con demora…preguntemos a los opositores al cuerpo facultativo y técnicos de museos, futuros profesionales del patrimonio que se examinan en 2020 de una convocatoria de 2017 mediante un proceso anquilosado, decimonónico.

Este escenario covid ha hecho posible lo inimaginado, museos para la sociedad y su desarrollo sin personas, gestionados desde perfiles de redes sociales, sin contacto, sospechando un futuro con restricción de aforos, huyendo de las exposiciones de masas pero apostando por museos mas sostenibles (que tanto se llevan en la teoría y poco en la práctica) y protegidos de un turismo masivo y mercantilista.

Acuérdense de que la cultura la construimos entre todos, empezando por educar en la protección de los valores patrimoniales. El museo + social se empieza a edificar desde abajo, incluyendo a los que estamos en este humilde escalón, al público, técnicos de museos, investigadores, restauradores, educadores…un equipo multidisciplinar que trabaje desde lo real y no desde las sombras y los reflejos.

Muchos siglos antes del nacimiento del greco, sus paisanos ya nos lo advirtieron: La cultura es un adorno en la prosperidad y un refugio en la adversidad (Diógenes Laercio, siglo III A.C) …lo mío es sólo una reflexión.

 

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