El turismo surge como panacea de prestigio cultural y como revulsivo económico con el Grand Tour, en los siglos XVIII y XIX, cuando los artistas, arquitectos, escritores y otros humanistas recorrían los países del Mediterráneo para recuperar sus esencias y disfrutar de sus unicidades culturales. Ya en los comienzos del siglo XIX de las élites cultas se traslada a grupos mayores que precisan llegar a lugares difíciles, tener fruición de paisajes y monumentos, que sociedades de excursiones ofrecen para fomentar el conocimiento y animar a la custodia del patrimonio, durante esta época prácticamente desconocido.

Poco a poco el siglo XX descubrirá, como decía André Malraux, la belleza y amplias cantidades de gentes recorrerá los edificios famosos del mundo, las pirámides de Egipto, el Taj Mahal, el Museo del Prado, Macchu Picchu, etc.

De la potenciación de estos lugares en los que poco a poco se van mejorando sus infraestructuras con carreteras de acceso, trenes, hoteles, museos, etc., se continuará a masas que quieren llegar hasta el último rincón del mundo y que amenazan con destruir aquellos sitios que en un principio pretendían gozar, y que ahora recorren sin apenas sentimiento ni esfuerzo intelectual.

El riesgo es cómo proteger el patrimonio de estos enclaves, de Venecia, de Barcelona, de Florencia, de Madrid, de San Petesburgo, de Toledo, de Granada, de Albarracín, del Camino de Santiago, etc., pero también como permitir que todas las personas, con problemas de accesibilidad, puedan disfrutarlo. Especialistas estudian buenas y malas prácticas y los resultados de las políticas de accesibilidad, conservación y gestión realizadas en ciudades y monumentos.

CONCLUSIONES V JORNADAS DE BUENAS PRÁCTICAS EN PATRIMONIO NATURAL Y CULTURAL– 16 DE ENERO DE 2016 – MADRID.

Los lugares turísticos con importante patrimonio conocen en estos momentos – e irá aumentando en las próximas décadas- una importante atracción y muchos de ellos un auge que multiplica las visitas, por lo que se convierten en espacios de gran prestigio cultural y, a la vez, en formidables generadores de recursos y bienes económicos y sociales. Cada vez son más las personas que tienen acceso democrático a la belleza y al disfrute de los objetos patrimoniales y surgen a través de ellos elementos de cohesión social y de identidad, así como industrias culturales, aunque en el caso contrario también se puede manipular para la exclusión y convertir en puro mercado. De esta manera advertimos que el patrimonio y su acceso cada vez a mayores grupos de personas tiene factores positivos, pero también muy negativos como la turismofobia, la teatralización y musealización, la manipulación política, la gentrificación, la elevación de precios, la saturación de los monumentos y ciudades con inmensos costos para protegerlos del terrorismo, de la sobreexplotación, etc. De todo ello surge la necesidad de estudiar la capacidad de carga de los sitios, su conservación adecuada y la regulación de los asistentes controlando la estacionalidad, permitiendo el acceso y distribuyéndolo con razón y lógica. De ahí la importancia de la educación en los colegios y para las administraciones es clave contar con planes de gestión, necesarios para comprender los flujos turísticos y el uso de las redes sociales, el acceso de todos al patrimonio y su custodia equilibrada y sensata para que puedan disfrutarlo el mayor de personas posible durante el máximo de plazos de tiempo que garanticen su integridad y autenticidad.

 Araceli Pereda – Javier Rivera Blanco

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Fecha: 26 de enero de 2018
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