Rara avis en la ría

La arquitectura moderna no es fácil o no lo parece. Cualquiera levanta la vista ante un pórtico barroco, un palacio neoclásico o un templo gótico. Si es turista, ni te cuento. Cuántos millones de fotos se habrán desperdiciado sobre la fachada de la catedral de Barcelona, carente de excesivo valor porque es neogótica, que no es lo mismo. Y sin embargo estas tipologías nos atraen sin remisión. Por llamativas, por su apariencia grandiosa, porque las hemos visto en los libros, en las guías de viaje. Unos buenos pináculos, un frontón, unos putti, qué sé yo, algo clásico, aunque sea de cartón piedra y se garantiza su ennoblecimiento y que la gente detenga su mirada. Pero ¡ay amigo!, de eso precisamente adolece la arquitectura moderna, aquella que nace después del modernismo fin de siècle. Explicado con brocha gorda, la arquitectura que sucede a los Antoni Gaudí, Puig i Cadafalch, Domènech i Montaner y compañía, la arquitectura que no recibe hordas de turistas en la Ciudad Condal por ejemplo, la arquitectura que no identificamos, de la que pasamos de largo. ¿Y todo esto a cuento de qué? Pues porque en Villagarcía de Arosa hay un singularísimo edificio de esta última categoría. Se llama la Casa Becerra y ha quedado como una pequeña isla de arquitectura moderna única en su género en toda la localidad, por no decir en toda la provincia de Pontevedra. Se trata de una pequeña casa de dos plantas y jardín, con un muy lejano aire a la Villa Savoye de Le Corbusier. Claro que la de Le Corbusier, el Picasso de la arquitectura, fue construida en 1931 y es Patrimonio de la Humanidad, y la gallega, sólo ocho años más joven, estuvo al borde de la demolición para, qué casualidad, convertirse en hotel. Descubro en wikipedia que su arquitecto, Juan Argenti Navajas, fue alcalde de Pontevedra en los cincuenta. Desconozco su trabajo como gestor en una época tan gris, pero lo que es indiscutible es su osadía como creador en el lejano 1939. La Casa Becerra se levanta como un bonito mecano de planos y volúmenes rectilíneos, sólo rotos por la curvatura del balcón volado con una elegante baranda metálica. Se me antoja un edificio sencillo (less is more), brillante, donde cada espacio habitable ha sido pensado a conciencia, a la carta, siguiendo los principios de funcionalidad del racionalismo. Nada que ver con lo que se construía en aquellos años. La dueña debió ser también alguien con carácter suficiente como para construirse en Villagarcía una casa que ya la hubiera querido la Institución Libre de Enseñanza en Madrid. Sin embargo hay algo absolutamente inconexo con lo dicho hasta el momento: su techumbre de ladrillo a cuatro aguas, ¡un tejado propio de la arquitectura popular, rural! Cosa rarísima y que quizás se explique por mímesis con los edificios del pueblo, por razones climáticas, vaya usted a saber. Casa Becerra sigue en pie desde el 39 gracias, entre otras cosas, a una colecta de firmas que logró detener su descatalogación como bien protegido. Larga vida a la rara avis de la ría de Arosa.

Fotografía de Idoia Camiruaga Osés

Sección transversal de xardinshistoricos.blogspot.com

La Casa Becerra está en la Lista Roja desde el 18 de julio de 2013. ¿Cuándo pasará a la Verde? 

 

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