Silbo herreño, ¿de verdad que lo van a dejar perder?

En la isla de El Hierro, en las islas Canarias, los aborígenes se comunicaban por el silbo, no era un fenómeno único de esta isla, sino que era propio de todas las islas. El origen norteafricano de los de los antiguos pobladores canarios y la facilidad con la que se encuentra este lenguaje allí, hace pensar que esta es la hipótesis más probable.

El silbo era una herramienta fundamental en esos tiempos y lo fue hasta mediados del siglo XX, y es que no había coches, ni casi teléfonos, y había que ahorrar fuerzas y caminatas cargando provisiones o trabajando con los animales. Esta forma de comunicarse era muy útil, ya que imaginemos, se podía avisar cuando íbamos a subir o a bajar para precisar el momento exacto que necesitáramos algo, cuando íbamos a llegar a casa para que fueran calentando la comida o cuándo abrir la puerta para meter el ganado. Pero el silbo en algunos momentos se convertía en algo más, podías dar una noticia o pedir ayuda. El lenguaje silbado no es una forma normal para comunicarte, por eso no se podían usar frases muy largas, complejas o que no tuvieran un contexto vinculado al lugar o a la actividad. Ayer hablaba con un silbador mayor de 70 años y le preguntaba que en esas circunstancias entonces como se comunicaba la muerte de alguien y el me contestó se silbaba el nombre de la persona o el mote y después decían murió.

Como iba diciendo, el silbo ha llegado desde los aborígenes hasta hoy, sí hasta hoy, porque, aunque a mediados del siglo XX, el coche, el teléfono, etc. dieron lugar a que ya no fuera una herramienta tan útil, la mayoría de personas mayores de la isla de El Hierro silbaban o conocen el silbo. Estas personas cuentan una isla de El Hierro en la que amanecía con silbos por todo el pueblo para quedar e ir a trabajar. Luego lo usaban en el campo y hasta llegar a su casa, era el paisaje sonoro de toda una isla. En esa época el silbo parecía no valer nada, dado que, a pesar de ser una herramienta fundamental, todo el mundo lo usaba, formaba parte de la vida cotidiana.

Es un fenómeno muy curioso lo que pasa actualmente en la isla con el silbo, toda la gente mayor sabe que se usaba, pero muy pocos hablan de ello. Es como una iglesia románica derruida por la que pasas por delante a diario cuando vas a trabajar, pero sin mas interés, es algo que sabes que está ahí y que das por hecho que se perderá. El fenómeno es mayor cuando hablas con los conservadores de este lenguaje, normalmente gente de avanzada edad, a la que cuando le preguntas te dice que no silba. Es algo increíble, el silbo ha tomado un matiz tan marginal, que las personas se avergüenzan de tener esa capacidad. Hace muy poco el profesor Maximiano Trapero arrojaba luz a este comportamiento indicando que en los últimos años esta cualidad pasó a ser una señal de tu condición social, es decir de ganadero o agricultor y no de señorito de ciudad. Además, a esto hay que añadir que en la isla nadie se ha preocupado en informar a los ciudadanos, que lo que tienen es valiosísimo y ni siquiera se les ha dado un reconocimiento.

Cuando finalmente llegas a la confianza suficiente con alguien para que te muestre su silbo, tu primera reacción es preguntarte qué podemos hacer para que esto no se pierda. El silbo no solo es virtuosidad, es algo melodioso y que suena tan bonito que en algunos momentos te olvidas que es una herramienta que se está usando para dar un mensaje.

Por supuesto este legado no ha pasado a los jóvenes ya que no tiene uso en la sociedad moderna. Pero en este sentido la Asociación Cultural para la Investigación y Conservación del Silbo Herreño está trabajando para que el Cabildo de la Isla incluya esta asignatura en la escuela ganadera, o se use en brigadas de medio ambiente para las zonas sin cobertura, gestiones que no han tenido resultado. El silbo herreño no es una excepción, como muchos bienes del patrimonio cultural se está dejando perder, los conservadores de esta tradición están ahí, son nuestros vecinos y abuelos, muy mayores y de salud delicada, y ninguna entidad trabaja en medidas inmediatas de conservación. Probablemente en una década o menos, su testimonios y sus silbos desaparecerán, esperemos que alguien por fin escuche y lo rescate.