Un caracol gótico para reflexionar

A mí me gusta llamarla cariñosamente la puerta de atrás. Es la conocida para algunos como la Puerta de la Redención, y se encuentra en la calle de la Lonja, en Valencia, una pequeña y estrecha calle que esconde una formidable portada gótica flamígera que desde luego no deja a nadie impasible.

Construida entre los años 1482 y 1548, la Lonja de la Seda, también conocida como Lonja de los Mercaderes, es un espectacular ejemplo del gótico civil valenciano, y una reivindicación majestuosa de lo que fue su Siglo de Oro.

Volviendo a mi querida puerta de atrás, la de la Redención es una puerta que representa un curioso programa cristológico. La portada se encuentra coronada por una cruz floreada, flanqueada a ambos lados por el escudo de la ciudad. De ella nacen los arcos apuntados que dan vida a la portada, y aunque sí es cierto que su tímpano se encuentra totalmente desnudo, en el centro del arco conopial podemos admirar una bonita representación de Cristo Rey, quien porta corona, centro y la bola del mundo.

La decoración vegetal es exagerada y exuberante: Laurel, mirto, hiedra, palma… todo ello brota de una manera brillante de los jarrones situados en la base de la portada. Toda esta decoración vegetal se encuentra entremezclada con algunas figuras humanas, animales fantásticos y mitológicos,  y una serie de cabezas humanas ubicadas en su parte baja, entre las que destaca el rostro barbudo de un homo sylvaticus, un hombre salvaje, tal y como lo podemos encontrar en una de las ménsulas de la capilla de San Miguel Arcángel de la catedral de Valencia, obra sin duda del genial Pere Compte, quien además fue el primer maestro de obras de la Lonja de la Seda, entre los años 1483 y 1497.

Pero sin lugar a dudas y sin desmerecer las representaciones del rey David con su onda, y la de Sansón abriendo las fauces de un terrible león, que se encuentran en los ventanales góticos que delimitan el conjunto,  el simpático caracol que se encuentra en la jamba izquierda de la portada, es el que me ayuda y me anima a hacer esta reflexión.

En el Medievo, el caracol era sinónimo de pereza, de lentitud, y sobre todo, de impotencia, por eso no es raro en algunos manuscritos medievales, el ver a caballeros armados luchar contra estos  gasterópodos.

Y cada vez que veo a este simpático caracol, me recuerda la pereza y la lentitud que esta sociedad tiene por cuidar y proteger nuestro patrimonio. La comodidad y la parsimonia cada vez que hay que intentar conservar ese pedacito de nuestra historia que lucha por sobrevivir y está ansiosa de contarnos su historia, pero sobre todo, la impotencia que siento ante la impunidad con la que algunos maltratan, dañan y lastiman un patrimonio del que deberíamos sentirnos orgullosos.

Esta sociedad se ha convertido en un caracol perezoso y lento, pero sobre todo, impotente. Vamos a despertarlo…

 

Autor de la fotografía: Santiago Soler Seguí.