Una visita al Tribunal Supremo

Ahora que se encuentra de gran actualidad hice una visita particular al dieciochesco Palacio de las Salesas Reales, actual sede del Tribunal Supremo. Fue una visita muy interesante donde percibí la grandeza moral y artística que genera la contemplación de sus bellas estancias, espaciosas galerías y las grandes salas revestidas de abundantes mármoles, rasos y terciopelos, desde el solemne Salón de Plenos hasta las diferentes Salas, en dónde se define y establece la Justicia al más alto nivel. Sobre la magnífica estructura arquitectónica del Palacio de Justicia español planea toda una simbología que da razón del ejercicio y la práctica del Derecho. De igual forma, el edificio guarda claves y significados plenos de filosofía humanística y de valores históricos que muestran su maravillosa continuidad expresada a través de cuadros, objetos y murales.

En el recorrido hubo un momento en que llegamos a la Sala Primera, la Sala de lo Civil, en dónde se dirimen cuestiones de tipo económico y mercantil. Pues bien, a un lado y otro de la puerta de entrada del público, divisé dos grandes cuadros con los retratos de los Reyes Católicos, Don Fernando y Doña Isabel. Ambos se presentan de pie, erguidos en su sencilla majestad, como se han presentado siempre los reyes de España.

Los dos retratos se encuentran en depósito procedentes del Museo del Prado, trasladados allí según Orden Ministerial de 9 de mayo de 2003. Pertenecieron a la Colección Real y estuvieron colgados en el Real Alcázar de Madrid en 1636 con diversos aposentamientos posteriores. Los dos cuadros son del siglo XVII. Son óleos sobre lienzo y tienen las mismas dimensiones: Alto: 248 cm.; Ancho: 166 cm.

Los cuadros establecen un paralelismo en cuanto que presentan una configuración con posiciones semejantes como se aprecia en las fotografías adjuntas. En el de la reina aparece su vestido enriquecido por las cruces entrelazadas de las órdenes militares españolas, distinguiéndose especialmente la Cruz de Santiago sobre la concha del peregrino. También se muestran las Cruces de las Órdenes de Calatrava (en rojo) y Montesa (en negro) que aparecen unidas por la de Santiago.

Observemos con especial detenimiento el retrato del rey Don Fernando. Sobre el pecho del monarca se muestra un collar dorado formado por gruesos eslabones; podría ser el Toisón de Oro, que recibió en 1474, aunque no se aprecia el vellocino colgante y pudiera ser sólo un recurso del pintor para representar la grandeza del retratado. Fijémonos ahora en sus manos, que nos interesan aquí especialmente. En efecto, la mano derecha se cierra sobre una bolsa de terciopelo marrón que mantiene sobre el pecho. A su vez, el rey mantiene su mano izquierda apoyada sobre una mesa, que se encuentra junto a él, asimismo debajo de ésta se distinguen unas hojas de papel escritas aunque para el observador resultan ininteligibles a primera vista. Pues bien, ¿Qué son esas hojas? ¿Qué representan? ¡Esa es la cuestión!

¡Son Cuentas! Trataré de justificar mi radical afirmación. En efecto, debajo de la mano del rey se advierten unas cuartillas pequeñas, casi ocultas, de blanco papel con escritos en tinta. Éstos no son legibles en absoluto, pero el pintor quiso recogerlos en el cuadro y hacerlos presentes. Tendrían que ser significativos en su época, hasta el punto de que formaran parte de la iconografía del Rey Don Fernando. Ese detalle del escrito sobre la real mesa no es baladí. Tiene que significar algo importante. Y si además observamos la mano derecha del rey, que sostiene la bolsa de terciopelo bien agarrada, el mensaje del cuadro queda claro: Las cuartillas escritas que reposan sobre la mesa del Rey tienen que ser las famosas ¡Cuentas del Gran Capitán!, cuentas que han tenido un largo recorrido a lo largo de la historia y de las que se ha hablado mucho, unas cuentas que han vivido entre la realidad y la leyenda, llegando su recuerdo hasta la literatura.

En cualquier caso, vayamos a sus orígenes. Los éxitos militares de Gonzalo Fernández de Córdoba, “El  Gran Capitán”, habían sido decisivos en Italia permitiendo imponer en ella la política de los Reyes Católicos. Los gastos para su misión habían sido cuantiosos y las victorias múltiples y magníficas, pero Don Fernando sentía alguna inquietud por la política de dispendios practicada por el “Gran Capitán”. Esta situación dio lugar a una abundante relación epistolar entre el Rey y don Gonzalo, especialmente intensa durante los años de 1505, 1506 y 1507. El primero pidiendo cuentas de lo gastado al Gran Capitán, y éste respondiendo a sus preguntas con las respuestas de los grandes beneficios que su gestión política y sus victorias militares habían traído para la Corona Española.

Hoy en el Tribunal de Cuentas se guarda un documento, que perteneció al Museo del Ejército hasta 1983, con el título: “Cuentas del Gran Capitán”, con notas de cargo y descargo, en dónde se mencionan las cantidades recibidas de la Corona y la aplicación de los correspondientes gastos.

En definitiva, existen suficientes razones históricas para que el rey Don Fernando fuera representado pictóricamente con esos papeles escritos bajo su mano, que le habrían sido enviados por el Gran Capitán.

Hay, pues, que reconocer un acierto pictórico en el cuadro desde el punto de vista iconográfico, pero también hay que resaltar el acierto decorativo y de oportunidad de colgar el lienzo que nos ocupa en las paredes exteriores de la Sala de lo Civil -que entiende, precisamente, de controversias de tipo económico-, pues al fin y al cabo representa y recuerda uno de los más famosos litigios de la Historia de España.

Fotos:

“Rey Fernando El Católico” (nº de catálogo P006081 del Museo del Prado)

“Reina Isabel La Católica” (nº de catálogo P006080 del Museo del Prado)