Y Chipperfield pasó, de largo, por los cuarteles de invierno.

Hubo un tiempo en que los ejércitos de los imperios se componían de regimientos nacionales. Los walones eran soldados de élite, altos y aguerridos, procedentes de Valonia, región de la Flandes católica y española (parte de la actual Bélgica, resumiendo). Aquello fue nuestro, o mejor dicho, de los Austrias, hasta el advenimiento de los Borbones, la consecuente Guerra de Sucesión y la firma del tratado de Utrecht (1713). Desconfía de tratados de paz firmados en países extranjeros. Maldita epifanía que desposeyó a España de todo su imperio europeo, incluidas Gibraltar y Menorca. Los regimientos de la Guardia Walona (Brabante, Flandes y Bruselas) siguieron llamándose así durante casi un siglo, compuestos por oficiales de aquellas tierras y soldados de la madre patria. Junto a la Guardia Española, ambas constituían los pretorianos del monarca, de ahí que sus dos cuarteles se construyeran ante el palacio de Aranjuez, frente a frente. En Leganés, por cierto, se conserva otro edificio que sirvió a los mismos fines, salvo que éste, sí sobrevivió en perfecto estado de revista. Porque lo que es el de Aranjuez, y concretamente el de la Guardia Española, parece, a vista de pájaro, un aprisco abandonado. Por eso, cuando en 2008 el alcalde de turno anunció el proyecto de construir en el Raso de la Estrella un grandioso recinto ferial, el prestigioso arquitecto David Chipperfield propuso edificar en él de cero, de nueva planta. El otro cuartel, el valón, menos maltrecho y hermano gemelo del semidestruido, sí que merecía una segunda oportunidad. Lejos aquel año de borrajas, pues los edificios de 1770, obra del notable Jaime Marquet (Casa de Correos en Sol, Teatro Real en El Escorial) no vieron por allí ni una cuadrilla de obreros. Y es lástima porque lo que queda de las fincas, integradas para más inri en un dulce enclave junto al Tajo, amén de Patrimonio de la Humanidad, bien merece su rescate. Neoclásicas, de piedra de Colmenar y ladrillo enfoscado, elegante almohadillado esquinero, nobles ventanas y panoplias en piedra, da gozo imaginarlas en pie, vueltas a la vida. Nada volvió a saberse de aquel proyecto, los alcaldes siguieron gobernando y Chipperfield acabó entre Barcelona y Hospitalet de Llobregat su Ciudad de la Justicia. La misma que reclaman a gritos sordos los cuarteles walones de invierno. !Viva el rey y muera el mal gobierno!

Los Cuartes de Reales Guardias Walonas y Españolas están en la Lista Roja desde el 24 de marzo de 2015. ¿Cuándo engrosarán la Lista Verde?

Fotos: Hispania Nostra

 

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