El 45 Foro de Asociaciones y Gestores Culturales reunió en Valencia a expertos y profesionales para abordar los nuevos retos del patrimonio, desde la tecnología y el cambio climático hasta la presión sobre los espacios y la pérdida de oficios tradicionales
Madrid, 6 de octubre de 2026 – Proteger el patrimonio implica hoy mucho más que conservar edificios, obras o tradiciones. Supone mantenerlos vivos, transmitir su valor a las nuevas generaciones y anticiparse a desafíos como la inteligencia artificial, la obsolescencia tecnológica, la presión de visitantes, el cambio climático o la desaparición de determinados oficios.
En este contexto se ha celebrado en Valencia el 45 Foro de Asociaciones y Gestores Culturales de Hispania Nostra, coincidiendo con el 50 aniversario de la asociación. Profesionales, administraciones, asociaciones y gestores culturales compartieron durante el encuentro distintas perspectivas sobre cómo afrontar los retos que condicionarán la conservación del patrimonio en los próximos años.
Para Hispania Nostra, proteger significa también conseguir que aquello que se conserva siga teniendo valor para la sociedad. Como señaló Enrique Calderón Balanzategui, secretario de Hispania Nostra, “una de nuestras principales labores es poner en valor el patrimonio que se recupera”.
Una gestión que evolucione con el patrimonio
La transmisión es una condición imprescindible para garantizar esa continuidad. Blanca Camarena, directora general de Patrimonio Cultural, incidió en la importancia de enseñar a las generaciones más jóvenes a reconocer y valorar el patrimonio y defendió la necesidad de adaptar también las herramientas administrativas a una realidad que ha cambiado notablemente desde la aprobación de la Ley del Patrimonio Cultural Valenciano en 1998.
El futuro del patrimonio depende asimismo de preservar el conocimiento necesario para intervenir sobre él. Antonio Jiménez Martínez, director gerente de la Fundación Santa María de Albarracín, alertó sobre la progresiva desaparición de oficios tradicionales y la necesidad de reforzar la formación práctica de los profesionales, especialmente en ámbitos como el patrimonio arquitectónico e industrial.
Tecnología para conservar, conocer y transmitir
La transformación digital está modificando tanto el trabajo de los profesionales como la relación de los ciudadanos con el patrimonio. Jaume Coll Conesa, director del Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias, advirtió de que las aplicaciones de inteligencia artificial todavía pueden ofrecer información poco precisa, mientras que la restauradora Carmen Cueto Puertas recordó que “el juicio humano tiene que supervisar toda la información que nos da la IA”.
Por su parte, Alejandra Silvestre Porcar, directora de la Fundación Hortensia Herrero, destacó que estas herramientas ya permiten agilizar determinados procesos y están cambiando también la forma en la que los visitantes descubren experiencias culturales.
La tecnología resulta igualmente esencial para evitar que parte del patrimonio deje de ser accesible. José Ignacio Pastor Pérez, fundador y presidente de honor de Associació Ciutadania i Comunicació (ACICOM), puso el foco en la obsolescencia tecnológica que afecta al patrimonio audiovisual. Digitalizar y sistematizar estos fondos es fundamental, defendió, pero también hacerlos accesibles: “no se trata solo de guardar en cajones, sino de cómo eso puede tener un valor para la ciudadanía y que pueda acceder a ello”.
Compatibilizar acceso y conservación
Otro de los grandes desafíos pasa por equilibrar el acceso al patrimonio con su protección. María José Viñals Blasco, catedrática de la Universitat Politècnica de València, alertó sobre la presión que soportan determinados enclaves y explicó que en la capilla del Santo Cáliz son necesarias 13 horas sin público para recuperar los niveles adecuados de CO₂, mostrando cómo la propia presencia humana puede condicionar la conservación.
Esta búsqueda de equilibrio alcanza también al patrimonio natural. Raúl de Tapia Martín, biólogo y director de la Fundación Tormes-EB, abordó los efectos del cambio climático, mientras que Juan Bautista López Ruíz, teniente de alcalde y concejal de Educación, Cultura, Fiestas, Turismo y Geoda del Ayuntamiento de Pulpí, expuso el modelo aplicado en la Geoda de Pulpí, donde las visitas están limitadas y controladas para compatibilizar su disfrute con su protección.
La conservación adquiere además todo su sentido cuando el patrimonio continúa vinculado a la comunidad que lo ha generado. Enrique Aguilar Valls, presidente del Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia, explicó cómo los propios agricultores siguen participando en la resolución de conflictos y cómo muchos de ellos se solucionan mediante mediación antes de llegar al Tribunal.
Cincuenta años después de su creación, Hispania Nostra reivindica así una concepción del patrimonio que no se limite a su conservación física, sino que incorpore también su conocimiento, transmisión, uso y relación con la sociedad. Un reto que exige combinar experiencia profesional, innovación, participación ciudadana y cooperación institucional para garantizar que aquello que hoy se protege siga formando parte de la vida de las generaciones futuras.


