LISTA ROJA. Dos monumentos catalanes entran en la Lista Roja del Patrimonio

Una masía de Tarragona y una casa modernista se encuentran en pésimo estado

Foto principal: Casa Tosquella

Madrid, 15 de septiembre de 2021-. Se trata de dos construcciones muy distintas y separadas en el tiempo, pero les une el estado de abandono total en que se encuentran. Son la Casa Tosquella, en Barcelona, y Mas de la Tallada, en Tarragona. Su pésimo estado de conservación les ha llevado a ser incluidas en la Lista Roja del Patrimonio que elabora la asociación Hispania Nostra (www.listarojapatrimonio.org) y que recoge cerca de 950 monumentos españoles que corren el riesgo de desaparecer si no se actúa de inmediato.

Casa Tosquella

La Casa Tosquella es una de las primeras obras del arquitecto Eduard M. Balcells, perteneciente a la segunda generación de arquitectos modernistas. Se trata de una reforma de una casa de veraneo hecha en origen por el maestro de obras Juan Caballé. La reforma, llevada a cabo en 1906, fue encargada por Antonio Tosquella, persona retornada de América tras el fin de la colonización española, con buena posición económica. Es un edificio de estilo ecléctico con lenguaje arabizante y de estructura similar a Casa Calado, también de Balcells, pero con un tamaño superior. Además, cuenta con unas barandillas de forja de gran fantasía.

Está catalogada como Bien de Interés Cultural, pero presenta mal estado de conservación. Actualmente, se encuentra abandonada y en estado de ruina, con cristales rotos y elementos decorativos desprendidos.
La casa posee dos plantas, un acceso de calle y otro por el jardín. Cabe destacar que entre los elementos más importantes se encuentran la fachada, la forja y la decoración interior. En la composición de los alzados se combinan los elementos curvilíneos y las líneas rotas, propios de la estética modernista, con otros de carácter arabizante, como los arcos de herradura, usados nuevamente desde el siglo XIX por los estilos historicistas y, más adelante, en algunos edificios modernistas.

En el interior del edificio, la riqueza monumental se localiza en las puertas de madera de melis con relieves de animales, en las vidrieras emplomadas del comedor y en las pinturas del techo de la casa, hechas con estuco planchado en caliente o pintado al óleo.

En referencia a los pavimentos, en la planta noble son de mosaico de gres, mientras que en la planta inferior y en el porche son de baldosa roja. Las cubiertas de las torres están rematadas con cerámica esmaltada. Hay que destacar la decoración de barandillas, ventanas y forja en general, así como estanterías y vidrieras, actualmente deterioradas.

La Tallada

La Tallada, en Tarragona, es un edificio con una historia documentada de más de 800 años que comienza en 1182 en las tierras del noble Guillem de Claramunt. Este vendió el lugar a Berenguer de la Cortada por 80 sueldos. Los Tallada fueron posiblemente una familia de repobladores del condado de Empúries. En esos momentos, el sitio no debía ser más importante que un pequeño pueblo. El testamento de Guillem de Claramunt en 1229, antes de ir a la conquista de Mallorca, generó una cadena de donaciones y ventas hacia el monasterio, las que debían ayudar a configurar el señorío de Santes Creus sobre el lugar. En 1232 Pedro de la Tallada y Ermessenda vendieron la casa y las tierras al monasterio cisterciense por 3.000 sueldos.

El primer hermano religioso que habitó la granja fue Juan de Montagut, documentado en 1242. Estos 10 años de diferencia en las fechas se podrían explicar por el tiempo que se tardó en instalar unas estructuras básicas. Era administrada por un granjero y trabajada por hermanos conversos. Hay documentados tres granjeros en el siglo XIII y catorce granjeros entre los siglos XVI, XVII y XVIII. De los siglos XIV y XV no se cuenta con muchas fuentes documentales. El granjero de la Tallada era también escribano de la Corte de la Secuita. La Granja de la Tallada fue durante 606 años propiedad de los monjes del Císter.

Hasta el siglo XIX fue una granja dependiente del monasterio de Santes Creus y centro administrativo y judicial de lugares como la Secuita, Vistabella, las Gunyoles, los Garidells o Peralta. Primero, las tierras eran trabajadas por hermanos conversos pero al desaparecer la institución se empezó a producir el fenómeno del arrendamiento y el trabajo de agricultores. Un arrendatario de la granja de la Tallada fue Antoni Manyé, el cual también fue alcalde de la Secuita. En los libros de la Corte de la Secuita hay documentados trabajadores procedentes de Vistabella, Vilaplana, Conesa, Vila-rodona, el Pont d’Armentera o la Secuita.

Con el clima de las desamortizaciones y durante el Trienio Liberal a inicios del siglo XIX, pasó a una familia de comerciantes de Tarragona: los Sabadell; pero en 1823 la propiedad volvió a manos del monasterio cisterciense. María Ana Lloberas, señora y heredera de los Sabadell, recuperó la propiedad en 1841. Fue la residencia ideal de la emergente burguesía modernista, que buscaban reafirmarse como clase imitando estereotipos nobiliarios. En 1897 la familia vendió la propiedad y fue una familia de industriales de Barcelona, los Estruch, los que la compraron, utilizándola como lugar de veraneo.

El hermetismo de la clase burguesa del siglo XIX y sus gustos románticos convirtieron el espacio en el centro de mitos y leyendas por parte de los habitantes de los pueblos vecinos. La más conocida es la que habla de la existencia de unos pasadizos secretos que hay bajo la casa y que comunican la Tallada con los caseríos de la Secuita, situados unos cuantos cientos de metros más allá.

La casa está fortificada con una muralla perimetral del siglo XVI, con once almenas catalanas o escalonadas en el ala de mediodía y contrafuertes. La forma actual consta de dos pisos, un desván y una galería de arcos ojivales del siglo XIX. En la fachada principal se observa un reloj de sol y un campanario de espadaña.

En la muralla perimetral se abre una puerta que da paso a un gran patio antes de llegar a la casa. Al cruzar la puerta un vestíbulo con dos arcos que conducen a un patio interior que actuaría como elemento organizador de todas las dependencias de este primer piso. En este patio hay un pozo de más de veinte metros de profundidad y salen unas escaleras que llevan hacia la segunda planta.

Las bodegas están cubiertas por cuatro arcos apuntados que parecen del siglo XVI. La sala destinada a establo estaba cubierta también por dos arcos apuntados. Se conservan los pesebres para las cabalgaduras, el lugar donde atarlas y un altillo que debía ser utilizado como pajar.

En el sector de poniente y tocando en la zona de bodegas, hay un pequeño espacio que podría haber sido destinado a prisión. En la pared hay marcada una fecha de 1772, junto con una serie de grafitos con algunas imágenes bíblicas que datarían del siglo XVIII, posiblemente hechas por algún prisionero que estuvo encerrado.

Cabe destacar la gran sala que hay encima de las bodegas cubierta con tres arcos apuntados también del XVI y que podía haber sido utilizada como comedor. Las habitaciones que se conservan a levante de este vestíbulo estaban destinadas a capilla.

No parece sólo una simple granja dedicada a la explotación del campo, sino que evidencia un cierto grado de suntuosidad e, incluso, de refinamiento. Estos detalles lujosos podrían estar ligados a la utilización de la granja temporalmente por algunos importantes cargos de la orden. En un inventario del siglo XVII se habla de la habitación del alcalde General de las Baronías del Real Monasterio de Santes Creus.
También está documentada la presencia de uno de los arzobispos constructores de Tarragona que se trasladó a la zona para supervisar la construcción de la mina del arzobispo. La documentación del siglo XVIII habla de priorato, casa prioral y prior de la granja de la Tallada. En estos últimos años, la casa debía funcionar como priorato de Santes Creus.

Estado de conservación

El Mas de la Tallada es propiedad de un empresario vitivinícola.

Aunque justo al lado viven colonos que se encargan de las tierras de alrededor, el abandono de la finca es total. Trozos caídos del muro perimetral y puertas de madera dañadas permiten el acceso al interior. Actualmente se ha derrumbado buena parte de los pisos del ala de poniente y más de tres cuartas partes del tejado. En poco tiempo ya no quedarán rastro ni de la buhardilla ni del segundo piso. Sólo quedará un promontorio de escombros formado por tejas, arcilla, piedra y cal que quizás los arqueólogos querrán excavar.

Dentro, paredes caídas, arcos a punto de ceder y flora variada en todas partes dejan entrever que en cualquier momento puede derrumbarse otra parte del inmueble. También hay útiles agrícolas esparcidos por todas partes y perros famélicos que deambulan de un lado al otro. El abandono y el estado de degradación en el que se encuentra es más que preocupante, a pesar de la necesidad urgente de llevar a cabo medidas para proteger los elementos artísticos más notables del edificio.