LISTA ROJA. Toledo: La Vega Baja entra en la Lista Roja del Patrimonio por su pésimo estado

El yacimiento está amenazado por planes urbanísticos sin ningún criterio arqueológico.

Madrid, 18 de mayo de 2021- A finales de 2019, ante las peticiones recibidas en Hispania Nostra para incluir el yacimiento Vega Baja (Toledo) en la Lista Roja, varios miembros del comité científico de la asociación se desplazaron a Toledo para valorar sobre el terreno la situación de la Vega Baja y mantener una reunión con el concejal de Urbanismo y varios técnicos del Ayuntamiento, entre los que se encontraba el tristemente desaparecido Ignacio Álvarez Ahedo, quien ha dejado un vacío difícil de llenar por su profundo conocimiento de la ciudad, capacidad de análisis y predisposición a buscar la mejor solución para el desarrollo de la ciudad.

La situación en que se encontraba la Vega Baja en aquellos momentos era, y sigue siendo, extraordinariamente compleja en tanto no se apruebe el necesario Plan Espacial que permita eliminar totalmente la presión urbanística que ha sufrido, y que podría volver a sufrir, y evitar así la lamentable situación creada con los últimos bloques de viviendas levantados en Santa Teresa.

Aunque es cierto que la situación parece haberse estabilizado, sobre todo después de la presentación el año pasado del documento elaborado por el arquitecto Joan Busquets, que debía servir de base para el encargo del Plan Especial de la Vega Baja, y asumir el traslado del nuevo cuartel de la Guardia Civil a La Peraleda, nada parece haber cambiado, sin embargo, para los restos arqueológicos que se exhumaron hace ya años y cuyo estado de conservación sigue siendo pésimo, hasta el punto de que apenas resultan visibles cubiertos como están de maleza y basura, por no citar los restos arqueológicos que se han cubierto de forma parcial por la senda peatonal de Vega Baja, cuando en teoría el “inmenso valor de la Vega Baja” son precisamente esos restos arqueológicos que formaron parte de la ciudad visigoda. Se trata sin duda de una discutible intervención cubierta con el siempre socorrido manto del diseño.

Y tampoco parece preocupar la situación de los restos arqueológicos del circo romano, sobre los que todavía pueden verse las ramas caídas hace más de 3 meses como consecuencia del temporal Filomena.
Resulta curioso que aquello que constituye el elemento principal a preservar en esta zona, los restos arqueológicos, dado que se consideran parte esencial de la historia de la ciudad y que precisamente por ello ha sido declarada como Bien de Interés Cultural, con categoría de Zona Arqueológica, reciba, sin embargo, un trato tan poco edificante.

Por todo ello y tras un estudio detallado de la información existente, la asociación Hispania Nostra ha incluido en su Lista Roja de Patrimonio en peligro la Vega Baja de Toledo.

Parece obvio que se hace imprescindible contar con ese “Plan Especial” pero dado el reciente trato que han recibido los restos arqueológicos y en previsión de que alguien con idéntico criterio, es decir, sin ningún criterio arqueológico, sea el encargado de redactar dicho Plan Especial, lo mejor que podría sucederle al patrimonio arqueológico de la Vega Baja sería que lo cubriesen nuevamente de tierra y lo dejasen reposar durante una, dos o más generaciones, hasta que estemos en condiciones de tratarlos con el respeto y consideración que sin duda merecen.

Historia del lugar

En la Vega Baja conviven restos arqueológicos de diferentes épocas. Existen evidencias prehistóricas y una sólida presencia romana, que encontramos en la necrópolis de Santa Leocadia de Afuera, junto al puente de San Martín, fechada en el siglo III d. C. El circo Romano, de finales del siglo I d.C. en uso hasta el siglo IV o comienzos del V, y posteriormente utilizado como necrópolis medieval, conteniendo uno de los espacios funerarios más impresionantes y mejor conservados del Toledo extramuros.

Pero sin duda es la ocupación visigoda la más representativa y numerosa de este espacio. Se han identificado tres fases de ocupación, dos de estas fases se sitúan en época Tardoantigua – Visigoda (siglos V-VIII), y una última de época Emiral (siglos VIII-IX). Estas fases que marcan el desarrollo urbanístico de la zona se articulan en torno a un eje viario que se desarrolla de Este a Oeste y que parece podría conectar la supuesta basílica de San Pedro el Verde con la de Santa Leocadia de Afuera y, por extensión, con el núcleo urbano de Toledo. Finalmente se localiza la Real Fábrica de Armas, obra de Francesco Sabatini, fundada por Carlos III en 1761 en un intento por recuperar parte del esplendor perdido en la tradicional fabricación de armas de la ciudad de Toledo. El complejo industrial estuvo en uso durante más de dos siglos y, a él, se asocia el Poblado Obrero que aún se conserva en sus inmediaciones, hoy reconvertido en barrio residencial. Actualmente la antigua fábrica es la sede de la Universidad de Castilla-La Mancha.

Se han venido desarrollando una serie de intervenciones arqueológicas desde el año 2001 en las que han sido documentados «abundantes estructuras de basurero» y «una considerable cantidad de distintos tipos de cimientos y bases de muros de mampostería trabada con barro, en su mayor parte pertenecientes a edificios de viviendas» (Rojas, 2001), que parecen responder a una prolongación del hábitat que, dada la entidad de los restos, podría corresponderse con la basílica pretoriense de San Pedro y San Pablo, donde se celebraron los Concilios de Toledo.

Se conoce la existencia de un poblamiento romano altoimperial (siglo I) prolongado en el tiempo, conformado tanto por el circo romano como por otra serie de edificaciones lúdicas (un posible teatro o templo que pudiera haber estado junto al actual edificio escolar de la Avda. de la Reconquista) y habitacionales (la propia villa de la que formaría parte el mosaico de tema marino encontrado en la Fábrica de Armas), asociado a una vía de comunicación y a un área cementerial (hallazgo de diversas tumbas en la zona de las viviendas militares) que, a grandes rasgos, se pueden ubicar en el eje o avenida principal que recorre el yacimiento.
Se tiene conocimiento de la pervivencia de este asentamiento en época tardoantigua y medieval, por una parte con la existencia de algún monasterio visigodo del que tenemos constancia en fuentes documentales, por otra mediante la reutilización de las estructuras circenses como necrópolis y área de trabajo alfarero, y, aunque algo más alejados, por la constatación de la existencia de una edificación de época hispanovisigoda y una torre-alquería islámica documentadas al llevar a cabo las obras de la variante de Toledo.

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